El perfecto idiota venezolano

piv

¿Es moralmente aceptable que alguien se haga el desentendido frente a la muerte, represión y encarcelamiento de seres humanos como medidas de retaliación política?

Este diálogo es una estafa

Una cosa es el diálogo necesario para negociar los  términos de un armisticio o de un acuerdo de paz y otra el diálogo hipócrita y servil. Apoyo y promuevo el primero pero rechazo y denuncio contundentemente el segundo porque no es más que la paz de Versalles.

La paz de Versalles

Hago la analogía con la negociación que puso fin a la primera guerra mundial pero que, a su vez, determinó el inicio posterior del conflicto armado más sangriento que haya conocido la humanidad, la segunda guerra mundial.

Por si quedaban dudas de que la propuesta de diálogo de Maduro es chimba, la censura impuesta en la Organización de Estados Americanos (OEA) a la parlamentaría venezolana María Corina Machado (MCM) devela que el chavismo lo único que está promoviendo, cual lobo vestido de caperucita, son conversaciones que prolonguen su subsistencia en Miraflores, no así una salida beneficiosa para ambos sectores políticos.

En negociación de conflictos, el reconocimiento y beligerancia del adversario constituye el punto de partida de cualquier alternativa pacifista. En tal sentido, el chavismo acusa a MCM de ser uno de los líderes de las protestas disidentes pero la discrimina, cercenándole al sector político al que pertenece la libertad de expresar su versión de la historia en el ámbito internacional.

Si el gobierno mediante sus petro-tácticas cierra espacios de diálogo en el seno de la OEA, ¿puede esperarse que tenga una aptitud distinta a nivel interno, donde cuenta con mayor control y rango de acción política?

La paz de Versalles fue un rotundo fracaso porque no terminó con la guerra en Europa, la difirió del año 18 al 39, a través de un arreglo basado en la humillación del adversario, el cual alimentó el revanchismo y nacionalismo alemán.

Maduro, aprovechándose de su investidura presidencial, mantiene una estrategia de diálogo insultante y avasallante de su contraparte política. Ese tipo de paz no es viable y de implementarse no será duradera.

¿Por qué el gobierno quiere la paz de Versalles?

El chavismo necesita disminuir las tensiones internas en el seno de la Fuerza Armada antes que el asunto pase a mayores. En los últimos 15 años lo ha logrado a través de dos mecanismos fundamentales: promoviendo procesos electorales de todo tipo y de diálogo con la oposición. La estrategia tiene bastante sentido y efectividad para apaciguar a cualquier militar descontento, al fin y al cabo ¿no queda en duda la legitimidad política de un alzamiento militar en contra de poderes recién electos “democráticamente”? La ruta electoral también calma las aguas puesto que si los políticos opositores re-legitiman el sistema, resulta más complicado justificar una desobediencia cívico-militar.

A falta de elecciones inmediatas, hay que echar mano del dialogo, tanta veces invocado e irrespetado por ambos sectores políticos.

Al respecto, la experiencia de pacificación colectiva más emblemática que recuerde, ocurrió en el marco de la llamada mesa de negociación y acuerdos que, con la intermediación de la OEA, contuvo la violencia de las dos Venezuelas en pugna política a comienzo de la década pasada.

La OEA se autoexcluyó y el chavismo salió perjudicado

La censura de MCM en esta organización hemisférica representa una derrota política para Maduro y para la propia OEA.

Mis razones son básicas: Cuando políticos disidentes han denunciado a sus gobiernos ante la Organización de Naciones Unidas o en la OEA, la actitud de tales gobiernos ha sido la de restarle importancia a sus adversarios políticos al no oponerse a que éstos expresen sus reclamos en un escenario de libre circulación de ideas y debate democrático. La aludida obstaculización por parte de la diplomacia roja, envía el mensaje contrario, es decir, el gobierno venezolano está siendo percibido con la imagen de censurador al tiempo que impulsa el liderazgo político de su contrincante ante su audiencia internacional.

Por su parte, la OEA sale por la puerta trasera en esta crisis, regalándole la mediación del conflicto a la UNASUR, que continuará asumiendo el liderazgo y posicionamiento regional frente a los episodios políticos suramericanos.

La paz de Versalles no contendrá la violencia

A diferencia de coyunturas anteriores, hoy la oposición oficial no tiene liderazgo duro sobre todos los sectores civiles insubordinados. Los presos políticos, las destituciones de cargos, persecuciones de líderes de la MUD y el pacto que pudieran alcanzar los políticos tradicionales con el chavismo no apagarán, como no han apagado, todas las “candelitas”. Ello demostrará que ambos sectores ya no representan el sentir de la mayoría del pueblo y que estaríamos ante el riesgo inminente de un estallido social que, incluso, podría pasarle por encima a estos dialogadores.

claudioj.sandoval@gmail.com

http://www.eluniversal.com/opinion/140327/el-perfecto-idiota-venezolano

Advertisements

La ausencia absoluta de la Unasur

La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) es un proceso de integración regional que inicialmente parecía novedoso, dinámico y exitoso. En sus pocos años de funcionamiento consiguió atenuar el protagonismo, en calidad de foro de discusión política, de organismos como el Grupo de Río o la misma Organización de Estados Americanos (OEA).

Sin embargo, este desempeño se tornó insostenible y la organización pasó a ser “un proceso más” de los muchos existentes en América Latina y el Caribe. Así por ejemplo, el dinamismo presidencial ya no es el mismo y la gestión de Venezuela (en manos de Alí Rodríguez) ha sido compleja en varios sentidos: Primero, Venezuela intenta “revolucionar” la Unasur, es decir, convertir a este subbloque en “antiimperialista”; segundo, las malas relaciones de la Secretaría General (que quiere actuar como Presidencia y no como apoyo técnico administrativo tal como lo expone el propio Tratado Constitutivo de la Unasur) con la Presidencia Pro Tempore, han sumado una complicación al joven proceso.

De igual modo, Venezuela introdujo infructuosamente la práctica domestica de designar en cargos clave a “amigos y compañeros de partido”, burócratas que, por cierto, se han convertido en “toderos” que pasan por cuanto cargo transita su Jefe, en este caso Alí Rodríguez. El problema es que, a diferencia del ámbito interno, en el organismo internacional, esta casta venezolana ha tenido encontronazos con la burocracia media –alta de las Cancillerías de América del Sur. Al nepotismo debe agregársele, la desconfianza de la “Cancillería Revolucionaria” hacia funcionarios de carrera, profesionales formados y con experiencia en estas lides. Se ha optado por personal contratado, outsiders y gente que no tiene la más mínima idea de lo qué es la diplomacia y menos la multilateral la cual exige ciertas características profesionales  y hasta personales.

Unido a lo anterior, la situación en el Paraguay, que ocasionó su suspensión del bloque suramericano, fue el primer síntoma contundente del problema de la Unasur. Su omisión reciente en el caso de Venezuela confirma definitivamente el sesgo de su agenda y el doble estándar de apreciación: A los adversarios los excluyo, con los amigos guardo silencio cómplice.

En tal sentido, esa realidad está atada a los intereses económicos bilaterales (con sus sectores públicos y privados) de Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador y Uruguay con Caracas; a lo que debe sumarse la “cooperación” vía Petrocaribe que recibe Guyana y Surinam, así como el apoyo prestado a Colombia en sus negociaciones con las FARC.

Tampoco es un secreto el dinero y esfuerzo que Venezuela invirtió a fin de instalar el llamado “Consejo Electoral de la Unasur” cuya primera misión formal sería la elección presidencial en Venezuela del 2012, con un Secretario General venezolano y un Jefe de la Misión de Observación Electoral cercano al gobierno de Caracas. Ante la ausencia de la OEA y otros organismos reconocidos y con trayectoria, se “aprovechó” la seriedad que todavía le quedaba a la Unasur para dar aval a la elección.

Actualmente, el bloque está cooptado y no funciona plenamente. Salvo el Consejo de Defensa Suramericano, el resto del organismo vive una parálisis generada por las inconsistencias de la diplomacia bolivariana. Caso concreto, la participación de Venezuela en el “Consejo Suramericano de Infraestructura y Planeamiento (Cosiplan)”.

El Cosiplan se formó por iniciativa del Brasil y por acuerdo de todos los países presentes (Venezuela siempre estuvo ausente). Inicialmente, se decidió que la entonces Secretaría Técnica de la Iniciativa para la Integración Regional Suramericana (IIRSA) fuese incorporada al nuevo organismo, Venezuela nunca participó ni negoció este proceso debido a que se consideraba a la IIRSA como una iniciativa con carácter “imperialista”, ya que contaba en su seno con la presencia de organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo. Hoy el Cosiplan enfrenta el vía crucis representado por la delegación venezolana, dedicada exclusivamente a objetar, vetar y criticar cualquier propuesta presentada (en este y todos los Consejos Ministeriales), sin presentar alternativas, contrapropuesta o solución. El ejercicio constante del poder de “veto” (cuyo uso por parte  Estados Unidos en el Consejo de Seguridad ha sido condenado vehementemente por Venezuela) ha significado una desaceleración para los trabajos del ente suramericano.

Por último, queda demostrado que la Unasur es su propia contradicción, al ser fiel representante del sistema anacrónico que denuncia. En consecuencia, la defensa de la Democracia y de los Derechos Humanos en la Unasur depende de los intereses nacionales de sus Estados miembros y es proporcional al nivel de relaciones económicas y el dinero que circula.

claudioj.sandoval@gmail.com

http://www.eluniversal.com/opinion/130117/la-ausencia-absoluta-de-la-unasur