Entre el poder y la democracia

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¿Por qué los seres humanos dominan este planeta? En su libro “Sapiens (De Animales A Dioses): Breve Historia de la Humanidad”, el historiador Yuval Noah Harari afirma que el hombre (Homo sapiens) pasó de ser un insignificante primate de la sabana africana, hace setenta mil años atrás, al depredador más poderoso del reino animal en la actualidad, gracias a dos características distintivas: i. su capacidad de inventar realidades objetivamente intangibles (como las religiones, por ejemplo); y ii. nuestro flexible método de cooperación, numéricamente insuperable por otros seres vivos.

Aunque un chimpancé en la selva podría tener mayor probabilidad de supervivencia que cualquiera de nosotros, en el plano individual (uno a uno), la fortaleza humana radicaría en el nivel de cooperación entre personas que, sin conocerse directamente, reman hacia una misma dirección, como consecuencia de nuestros sistemas de creencias. Así por ejemplo, mientras ese chimpancé salvaje jamás daría una banana a cambio de dinero o para ganarse su puesto en el paraíso eterno, millones de humanos intercambian dinero por cambures y promesas de salvación después de la muerte (el famoso diezmo).

La esencia del poder

La fuente del poder humano es su ilimitada imaginación. El poder definitivo nace de la percepción colectiva. La diferencia entre un simple trozo de papel y un billete de 100 es el valor asignado a este último, considerado colectivamente como un instrumento financiero. La fuerza motivadora del hombre se nutre de historias, suficientemente creíbles, que logran asociar múltiples esfuerzos en pro de un beneficio común.

¿Qué hace a una persona más poderosa que otra? Su capacidad de vender historias creíbles ¿Por qué los abogados -equivalente actual del hechicero tribal de la antigüedad- suelen ser personas influyentes? Esto se debe a que, con su magia moderna, los juristas inventan ficciones legales, es decir, realidades imaginarias que los demás miembros de la sociedad creen en mayor o menor medida.

Estas ficciones las llamamos contratos, empresas, mercado de capitales, comercio electrónico, sentencias judiciales, sanciones administrativas, leyes, etc. Las personas, entidades y países más poderosos de nuestra historia han sido los creadores de constructos sociales profundamente arraigados en la humanidad, posteriormente convertidos en valores o patrones culturales.

Las condiciones primitivas reinstauradas por el chavismo

En su estado natural, el hombre usualmente accede al poder como cualquier otro animal en su manada: combate contra otros aspirantes a punta de manotazos, patadas y mordiscos, en una especie de selección natural dentro de la esfera social, donde los vencedores terminan siendo considerados como jefes.

En sociedades que carecen de orden constitucional y se rigen bajo la ley del más fuerte, el poder no lo detenta quién lo merece en términos de apoyo popular, sino el líder más apto o mejor adaptado a este medio ambiente hostil. Con la democracia, el Homo sapiens abandona esa práctica de fuerza y violencia, sustituyéndola por el voto como medio de expresión pacifica de las mayorías.

En Venezuela, la intención del chavismo de perpetuarse en el poder indefinidamente, sin el respaldo mayoritario de los venezolanos, constituye una invitación directa a volver al pasado, incita a la violencia como medio de acceso al poder y genera la radicalización de adversarios políticos, frente a la violación de sus derechos políticos y a la imposibilidad fáctica de alcanzar el poder por los canales regulares de una democracia inexistente (el gobierno los inhabilita, los persigue, tortura, encarcela con casos inventados, no reconoce sus cargos, monta autoridades paralelas, y sabotea y suspende procesos electorales, por mencionar algunas transgresiones).

El que no es peón que no se alquile

Por esa razón, la declaratoria de abandono del cargo de Nicolás Maduro por parte de la Asamblea Nacional (hasta ahora un acto simbólico), se enfoca en el meollo del asunto ¿Por qué? la traba de la oposición no radica en la legalidad de sus actos sino en su aptitud. Con esa medida, la oposición se auto-impuso la carga de demostrar que realmente representa la opción de cambio ¿Cómo lo demostraría? Convirtiendo lo simbólico en realidad (en el constructo social predominante), es decir, la AN, negociando y respaldada en las calles por sus electores, deberá persuadir a los demás poderes del Estado (particularmente a los poderes ejecutivo, judicial, electoral y militar) a acatar sus decisiones.

Ahora bien ¿serán capaces la AN y la MUD de doblegar al chavismo este año 2017 o, por el contrario, mantendrán el comportamiento observado en el 2016 -post 6D-, donde a pesar de haber ganado un importante round político, se dejaron padrotear por el chavismo, optando por meter la cola entre las piernas?

Publicado originalmente en http://www.lapatilla.com/site/2017/01/16/claudio-j-sandoval-entre-el-poder-y-la-democracia/

La farsa electoral del 2017

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El chavismo estará sometido a la presión electoral en el 2017. Sabemos que durante quince años, la revolución chavista se relegitimó a través del mecanismo electoral, aprovechando su control sobre el Consejo Nacional Electoral (CNE) para celebrar elecciones de toda índole y alardear local e internacionalmente sobre su presunto talante democrático.

Pero habiéndose convertido oficialmente en minoría inequívoca el 6D, el gobierno decidió entonces quitarse la máscara democrática y secuestrar indefinidamente la ruta electoral, principal medio de expresión con el que cuentan los ciudadanos a la hora de manifestar su voluntad en los asuntos públicos de la nación -concretamente, el chavismo saboteó el referendo revocatorio y suspendió las elecciones regionales en el 2016.

La piña bajo el brazo   

No obstante, el presidente Nicolás Maduro podría estar observando que resulta prácticamente improbable, cualquier intento de maquillar la reputación de su gobierno, sin el matiz electoral. Con el agravante de que hasta las dictaduras más férreas montan sus teatros periódicamente y efectúan elecciones. Cuba y Zimbabue ejemplifican dicha práctica.

A diferencia del referendo revocatorio y de la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente, donde la carga inicial recae en terceros y hay más espacios para meter una cabra, las elecciones regionales y la elección presidencial del 2018 operan de oficio, no admiten excusas ni del gobierno ni de su CNE.

Ante el cambio de circunstancia del 2017 (condicionado a la definición de un calendario electoral, llueva, truene o relampaguee), el gobierno está buscando la manera de armar un mamotreto que muestre la imagen de un cambio pero sin cambio real.

Nuevas elecciones parlamentarias

Y es bajo este contexto que el presidente Maduro recientemente lanzó la tesis de la autodisolución de la Asamblea Nacional. A diferencia del fujimorazo, el madurazo convocaría una elección perentoria que permita vender la idea de que en Venezuela hay democracia -porque se hicieron elecciones parlamentarias- y así promocionar al chavismo como los buenos de la película, los restauradores de un orden constitucional violado por diputados opositores que usurparon funciones legislativas.

La sustitución de las elecciones regionales por otras elecciones, mantendría intacto el balance de poder de facto en el ámbito nacional, estadal y municipal. Por su parte, el gobierno podría distraer la atención sobre el problema real, a saber: una crisis de gobernabilidad causada por la incapacidad del presidente Maduro para ejercer el cargo y el agotamiento irreversible de la propuesta socio-económica y política chavista.

¿Buenas noticias?

Cualquiera sea la elección que el gobierno pretenda estructurar, el chavismo sabe que está manipulando un arma de doble filo. La posibilidad de que ocurra un cambio este año puede cristalizarse de carambola, a través de un proceso electoral, particularmente, en caso de que el gobierno intente o haga un fraude masivo.

De mantenerse o empeorar la crisis económica, la volatilidad social continuaría aumentando e incluso, la situación podría írsele de las manos al presidente Maduro. Cualquier triquiñuela pre o poselectoral comporta el riesgo de generar un tipo de desobediencia legítima en Caracas que haría insostenible la permanencia del régimen actual.

Ante un escenario electoral fraudulento y un colectivo rebelado por los cuatro costados, la cúpula militar tendría que decidir si conspira en contra del sentir mayoritario de la Fuerza Armada de no masacrar a sus conciudadanos o prefiere apoyar a la elite gobernante de turno. Partiendo de la experiencia más reciente, el 6D, da la impresión que los generales no se van a echar ese cacho de agua y se adaptarían a la posición pro-ciudadana de sus compañeros de armas.

Así las cosas, el tema electoral en el 2017 luce como una farsa de ambos sectores políticos, donde uno pretendería usarlo de fachada para relegitimarse en el poder y neutralizar adversarios políticos, mientras que el otro grupo lo estaría viendo como un atajo a su ascenso a Miraflores.

Finalmente, usted, que está en el medio de todo esto, eventualmente le tocará decidir a quién apoyar, si es que todavía se encuentra indeciso… Creo que, en todo caso, lo importante es asumir una posición, asistiendo a la función teatral de su preferencia pero a conciencia, sin dejarse manipular con ofertas engañosas o creyendo en pajaritos preñados…

Publicado originalmente en http://www.lapatilla.com/site/2017/01/09/la-farsa-electoral-del-2017-por-claudio-sandoval/