¿Hacia dónde va Venezuela ahora?

 

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Es el momento de hacer una actualización de escenarios y hablar de la estrategia del conflicto. Como preámbulo, debo confesar que decidí autocensurarme en las últimas cuatro semanas por tres razones: primero, estuve evadiendo indicadores (variables) por el temor de llegar a conclusiones pesimistas que no sólo me desesperanzaran individualmente sino también a mi gente. Segundo, por respeto a todos los venezolanos que estuvieron en las calles exponiendo sus vidas, en días claves que demandaban más acción -para mantener la protesta activa- que análisis político. Tercero, el año pasado y a comienzos de enero analice –ex-ante–  lo que está ocurriendo –tanto las protestas con muertos como la farsa electoral que quiere imponer Maduro-, de manera que juzgué incensario llover sobre mojado.

Transición sin elecciones

La ruptura política del régimen por la vía electoral es poco probable. Más bien, me da la impresión de que la transición –cuando sea que ocurra- no será hacia la democracia sino “desde” el autoritarismo. Esto significa que no habría elección presidencial sino después que Maduro salga de Miraflores y se constituya un gobierno encargado, ahora sí, de materializar una transición “hacia” la democracia (si te interesa ahondar en “transitología”, el punto de partida es el clásico de Guillermo O’Donnell y Philippe C. Schmitter “Transiciones desde un gobierno autoritario”).

En este sentido, celebro el cambio de postura de la dirigencia opositora y de algunos formadores de opinión, en cuanto a reconocer que las protestas –como las del 2014 y las actuales- son necesarias para buscar una solución a la crisis. Ahora bien, el régimen tuvo que disolver –de facto- la Asamblea Nacional, suspender indefinidamente los procesos electorales constitucionales e inhabilitar nuevos líderes políticos para que ese liderazgo, viéndose ahora con el cuchillo en la propia barriga, entendiera lo que ya veníamos pronosticando desde hace años: la improbabilidad de una salida electoral y la necesidad de luchar por la democracia en la calle. Y sin ánimo de atizar la candela, es justo dejar sentado que tal egoísmo e indeterminación, costó en parte la libertad de Leopoldo López, de Antonio Ledezma y de otros presos políticos, así como las vidas de hermanos venezolanos, quienes levantaron su voz tempranamente, en contra de un régimen que nunca ha creído en elecciones democráticas. Por otra parte, no nos preocupemos si los líderes de la MUD insisten en elecciones –tal vez yo, en su posición, también haría lo mismo, sobre todo ahora que el chavismo es una minoría en desgracia. Pero el hecho de pedir a la gente que proteste masivamente en la calle y dirigirse de forma pública, inédita y constante a la Fuerza Armada para que ponga el cascabel al gato, es un reconocimiento tácito de que no perciben una ruptura política resultante de elecciones.

Violencia, violencia, violencia

La estrategia del gobierno ha sido lo que yo llamo “la paz de Versalles”, porque no están interesados en alcanzar un acuerdo de muto beneficio sino en pisotear a la oposición, mientras compran más tiempo en el poder y se recuperan económicamente y políticamente. Como se infiere, ese tipo de paz no es duradera, lo cual se evidenció con el “diálogo” del 2014 y su redición en el 2016, iniciativas éstas que apenas lograron contener al pueblo circunstancialmente. El nuevo paquete chileno denominado “constituyente comunal” está enmarcado en la misma lógica. Observamos que tal estrategia instaura un patrón de violencia intermitente in crescendo, es decir, neutralizan la protesta por un tiempo pero ésta resurge eventualmente con mayor fuerza desestabilizadora.

Actualmente, hay incertidumbre sobre cómo terminará la más reciente revuelta social. En este sentido, encontramos una nueva variable que está interactuando con una variable subyacente, a saber: hasta el 2016 la oposición venía transando con el chavismo desmovilizaciones por “diálogo”. Este fue un error que, al parecer, no cometerán por tercera vez. Luego tenemos la agudización de la crisis económica, un fenómeno que intensificará el descontento general hacia Maduro. Observamos, entonces, ingredientes propios de un coctel explosivo que podría aumentar la violencia y prolongarla, ante la intransigencia de Maduro. Una potencial variable emergente sería la fatiga. El régimen está apostando al cansancio y a la desmoralización de los manifestantes. En caso de que esta última variable se imponga, podríamos entrar en el ciclo de la violencia intermitente in crescendo, comentada en el párrafo anterior (2014 – 2017 – ¿?).

Lo que yo quisiera vs. Lo que podría ocurrir

Si fuera por mí, no habría nada que negociar, pues, la ruptura del orden constitucional y democrático obliga a la celebración de elecciones generales. En mi escenario deseado, la oposición gana por paliza y Maduro, junto con su banda de civiles y militares delincuentes quedan inhabilitados políticamente de por vida y bajo rejas –por corrupción, crímenes de lesa humanidad, traición a la patria, y un largo etc.

Para que mi sueño se haga realidad yo tengo que obligar a Maduro y compañía a aceptar una rendición incondicional. Esto solo es posible si cuento con un poder avasallante y/o total sobre mi contraparte. Cuando despierto del sueño, me doy cuenta que en este momento el control de las armas lo tiene el gobierno, en vista del apoyo que reciben del alto mando militar. Esto significa que, en principio, estoy obligado a negociar una salida del conflicto bajo ciertos términos y condiciones.

Esa realidad adversa me enfrenta a un dilema inmediato, para que salgan del poder y dejen al país vivir en paz, debo garantizarles un salvoconducto, aún en contra de mi descomunal anhelo de justicia. Sin embargo, es importante enfatizar que todos los estudios de opinión que he leído indican que la mayoría de los venezolanos no tienen este dilema. La gente no está buscando culpables o vengadores (aparentemente aprendimos la lección, gracias a Dios) sino ¡soluciones!

En caso que yo no quiera negociar o sea mi contraparte quien se niegue a buscar una salida pacífica ganar-ganar, el único camino es la confrontación suma cero –o te saco o muero en el intento. El tema es que como no tengo armas de fuego, antes de armarme, lo más inmediato -en términos de costo oportunidad- es intentar poner en tres y dos la Fuerza Armada –o lo sacas o me matas defendiéndolo.

Desde luego, me niego a la idea de la confrontación. Sin embargo, si ese fuera el único recurso que deja el régimen, entonces, los ciudadanos tendrán que obligar a Maduro a dar la orden de sacar al ejército a la calles. Venezuela tendría que llegar a ese momento de quiebre, en el cual la población civil reta a una institución a decidir hacia dónde apuntar sus fúsiles.

En lo personal, preferiría una negociación, por ser la vía más civilizada, pacífica y menos traumática. Aunque sé cuál es el camino hacia la libertad si la ruta de la concertación está cerrada, sólo he pedido a mis compatriotas venezolanos salir a las calles a arriesgar sus vidas, cuando he estado al frente de esas protestas, algo que no pasará sino hasta que pueda regresar a mi país. Acá, únicamente hago el planteamiento para que cada quien asuma su propia responsabilidad y decida individualmente qué hacer.

Por otra parte, si las estadísticas sobre transiciones de los politólogos Stephan Haggard y Robert R. Kaufman son acertadas (Dictadores y Demócratas 2016), lo más probable es que la ruptura en Venezuela sea institucional -de arriba hacia abajo-, a través de una intervención militar.

En todo caso, recuerda que he planteado conjeturas y proyecciones, el futuro no está prescrito, somos nosotros quienes moldeamos los cambios. Algo que sí puedo asegurarte es que ¡Maduro está perdiendo en este momento! ¡Si se puede Venezuela!

 

La versión publicada en LaPatilla.com está disponible aquí: http://www.lapatilla.com/site/2017/05/15/hacia-donde-va-venezuela-ahora-por-claudiopedia/

Trump elevó riesgo de salida violenta en Venezuela

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La decisión de la administración Trump, imponiendo sanciones al actual Vicepresidente ejecutivo de Venezuela, no es un ataque en contra del pueblo venezolano, ni siquiera hacia el chavismo –que cuenta con muchísimas personas decentes y honradas. En realidad, esto constituye un golpe político y legal, dirigido concretamente a dos individuos y a la elite gubernamental de la cual forman parte.

Ríndete, estás rodeado

El acorralamiento genera dos posibles respuestas, o cooperas o te radicalizas. En este momento, da la impresión de que la cúpula a cargo del gobierno habría optado por el segundo comportamiento, es decir, hacer intentos por mantenerse en Miraflores a toda costa, pensando así evitar desgracias personales.

La primera señal en esta dirección es la ratificación de la sentencia en contra de Leopoldo López, horas después de que su esposa, Lilian Tintori, fuera recibida por el presidente Trump en la Casa Blanca y éste pidiera la liberación de López.

Sancionar o no, he ahí el dilema

Por un lado, hay razones para pensar que esto desincentiva una salida pacífica aunque, por otra parte, la medida es una soga al cuello que cierra espacios de gobernabilidad a lo interno y pone en jaque la oxigenación internacional del régimen (por ejemplo, capacidad de endeudamiento).

Los defensores de las sanciones alegarían que, de cualquier modo, la elite gobernante no va a salir del poder por las buenas. Bajo esta óptica, la estrategia de dejar hacer, dejar pasar para que no se aíslen y permitan elecciones es errada. Se trata de un sistema autoritario que, con sanciones y sin éstas, moverá cielo y tierra para prolongar su colapso definitivo.

En consecuencia, mientras más se le alcahuetee, más se fortalece su capacidad de maniobra en favor de intereses muy particulares y en detrimento de al menos el 80% de venezolanos que rechaza al gobierno.

Ciertamente, el oficialismo está buscando paz pero un tipo de paz que sólo conviene a éste. La simulación, mejor conocida bajo el nombre de “dialogo”, es un ejemplo tangible de sus propuestas leoninas.

Divide y vencerás

Están asustados, Trump no es Obama y lo saben. Ahora bien, soy de los que piensa que a ese cogollo y al liderazgo chavista en general, incluyendo a empresarios, hay que terminar de dividirlos, ofreciendo salvoconductos a quienes deseen colaborar con Venezuela por la vía de dos aportes principales: i. aceptar condiciones para una transición de gobierno; y ii. relatos y/o evidencias para investigaciones penales y administrativas sobre iliciticos transnacionales. El efecto dominó podría resolver la crisis de forma adelantada y pacífica.

De las entrevistas que recibí a raíz de este asunto, la de la BBC de Londres me llamó la atención. El programa no giraba en torno a Venezuela sino a las políticas antidrogas del presidente Trump. Rescato ese enfoque para comentar que aquellos verdaderamente involucrados en narcotráfico son insalvables. Esto se debe a que a nivel de seguridad interna, la lucha contra las drogas es una prioridad muy sensible para la nueva administración.

Como agravante, el encargado de esta misión es el ahora ministro de relaciones interiores y antiguo Gral. del Comando Sur, John Kelly, quien no sólo provocó impases entre Caracas y Washington en el pasado, también conoce muy bien el caso venezolano. Precisamente, el Gral Kelly le ha dado importancia al escenario de una implosión del chavismo.

¿Cuál es el precio de una transición PACIFICA?

Insisto en un mecanismo de justicia transicional. Las autoridades estadounidenses deberían intensificar la política de beneficios procesales para patriotas cooperantes, los cuales podrían girar en torno a dos grandes opciones excluyentes: .i No puedes volver a hacer política: Agarra tu dinero mal habido y te vas de Venezuela, siendo Estados Unidos una alternativa (similar al esquema negociado con Rafael Isea); ii. Si quieres quedarte en Venezuela o regresar para hacer política: Tus activos injustificables serán congelados y confiscados. Tampoco tendrás visa para viajar a Estados Unidos.

Lo anterior también está relacionado con el curioso tema de los “falsos positivos”. Por ejemplo ¿por qué no se acusa de narcotraficante a José Mujica, a Rafael Correa o a Evo Morales? ¿Por qué a otros vicepresidentes venezolanos como Aristobulo Istúriz o Jorge Arreaza no se les habría “montado ollas” de igual naturaleza? Uno tampoco ve incluidos en estas listas de narcotráfico a altos funcionarios como Ernesto Villegas, Ricardo Menéndez, Jorge Rodríguez, Tibisay Lucena o Nelson Martínez, por mencionar algunos otros.

El barco se está hundiendo con Venezuela a bordo. Un plan de rescate que no ofrezca salvavidas a algunos miembros de la tripulación, eleva el riesgo de un desenlace violento. Pero que quede claro, si ocurriera ese escenario, culpable no será ni la oposición ni el presidente Trump, sino la macolla chavista, negada rotundamente a la alternancia y, sobretodo, empeñada en obstaculizarle rutas de participación democrática al liderazgo disidente (tanto a lo externo como dentro de sus filas).

Es esa minoría impopular de una minoría hecha mengua, la que continúa jugando con fuego, desafiando sin tregua la paciencia y calma de quienes abrumadoramente le adversan.

Entre el poder y la democracia

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¿Por qué los seres humanos dominan este planeta? En su libro “Sapiens (De Animales A Dioses): Breve Historia de la Humanidad”, el historiador Yuval Noah Harari afirma que el hombre (Homo sapiens) pasó de ser un insignificante primate de la sabana africana, hace setenta mil años atrás, al depredador más poderoso del reino animal en la actualidad, gracias a dos características distintivas: i. su capacidad de inventar realidades objetivamente intangibles (como las religiones, por ejemplo); y ii. nuestro flexible método de cooperación, numéricamente insuperable por otros seres vivos.

Aunque un chimpancé en la selva podría tener mayor probabilidad de supervivencia que cualquiera de nosotros, en el plano individual (uno a uno), la fortaleza humana radicaría en el nivel de cooperación entre personas que, sin conocerse directamente, reman hacia una misma dirección, como consecuencia de nuestros sistemas de creencias. Así por ejemplo, mientras ese chimpancé salvaje jamás daría una banana a cambio de dinero o para ganarse su puesto en el paraíso eterno, millones de humanos intercambian dinero por cambures y promesas de salvación después de la muerte (el famoso diezmo).

La esencia del poder

La fuente del poder humano es su ilimitada imaginación. El poder definitivo nace de la percepción colectiva. La diferencia entre un simple trozo de papel y un billete de 100 es el valor asignado a este último, considerado colectivamente como un instrumento financiero. La fuerza motivadora del hombre se nutre de historias, suficientemente creíbles, que logran asociar múltiples esfuerzos en pro de un beneficio común.

¿Qué hace a una persona más poderosa que otra? Su capacidad de vender historias creíbles ¿Por qué los abogados -equivalente actual del hechicero tribal de la antigüedad- suelen ser personas influyentes? Esto se debe a que, con su magia moderna, los juristas inventan ficciones legales, es decir, realidades imaginarias que los demás miembros de la sociedad creen en mayor o menor medida.

Estas ficciones las llamamos contratos, empresas, mercado de capitales, comercio electrónico, sentencias judiciales, sanciones administrativas, leyes, etc. Las personas, entidades y países más poderosos de nuestra historia han sido los creadores de constructos sociales profundamente arraigados en la humanidad, posteriormente convertidos en valores o patrones culturales.

Las condiciones primitivas reinstauradas por el chavismo

En su estado natural, el hombre usualmente accede al poder como cualquier otro animal en su manada: combate contra otros aspirantes a punta de manotazos, patadas y mordiscos, en una especie de selección natural dentro de la esfera social, donde los vencedores terminan siendo considerados como jefes.

En sociedades que carecen de orden constitucional y se rigen bajo la ley del más fuerte, el poder no lo detenta quién lo merece en términos de apoyo popular, sino el líder más apto o mejor adaptado a este medio ambiente hostil. Con la democracia, el Homo sapiens abandona esa práctica de fuerza y violencia, sustituyéndola por el voto como medio de expresión pacifica de las mayorías.

En Venezuela, la intención del chavismo de perpetuarse en el poder indefinidamente, sin el respaldo mayoritario de los venezolanos, constituye una invitación directa a volver al pasado, incita a la violencia como medio de acceso al poder y genera la radicalización de adversarios políticos, frente a la violación de sus derechos políticos y a la imposibilidad fáctica de alcanzar el poder por los canales regulares de una democracia inexistente (el gobierno los inhabilita, los persigue, tortura, encarcela con casos inventados, no reconoce sus cargos, monta autoridades paralelas, y sabotea y suspende procesos electorales, por mencionar algunas transgresiones).

El que no es peón que no se alquile

Por esa razón, la declaratoria de abandono del cargo de Nicolás Maduro por parte de la Asamblea Nacional (hasta ahora un acto simbólico), se enfoca en el meollo del asunto ¿Por qué? la traba de la oposición no radica en la legalidad de sus actos sino en su aptitud. Con esa medida, la oposición se auto-impuso la carga de demostrar que realmente representa la opción de cambio ¿Cómo lo demostraría? Convirtiendo lo simbólico en realidad (en el constructo social predominante), es decir, la AN, negociando y respaldada en las calles por sus electores, deberá persuadir a los demás poderes del Estado (particularmente a los poderes ejecutivo, judicial, electoral y militar) a acatar sus decisiones.

Ahora bien ¿serán capaces la AN y la MUD de doblegar al chavismo este año 2017 o, por el contrario, mantendrán el comportamiento observado en el 2016 -post 6D-, donde a pesar de haber ganado un importante round político, se dejaron padrotear por el chavismo, optando por meter la cola entre las piernas?

Publicado originalmente en http://www.lapatilla.com/site/2017/01/16/claudio-j-sandoval-entre-el-poder-y-la-democracia/

La farsa electoral del 2017

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El chavismo estará sometido a la presión electoral en el 2017. Sabemos que durante quince años, la revolución chavista se relegitimó a través del mecanismo electoral, aprovechando su control sobre el Consejo Nacional Electoral (CNE) para celebrar elecciones de toda índole y alardear local e internacionalmente sobre su presunto talante democrático.

Pero habiéndose convertido oficialmente en minoría inequívoca el 6D, el gobierno decidió entonces quitarse la máscara democrática y secuestrar indefinidamente la ruta electoral, principal medio de expresión con el que cuentan los ciudadanos a la hora de manifestar su voluntad en los asuntos públicos de la nación -concretamente, el chavismo saboteó el referendo revocatorio y suspendió las elecciones regionales en el 2016.

La piña bajo el brazo   

No obstante, el presidente Nicolás Maduro podría estar observando que resulta prácticamente improbable, cualquier intento de maquillar la reputación de su gobierno, sin el matiz electoral. Con el agravante de que hasta las dictaduras más férreas montan sus teatros periódicamente y efectúan elecciones. Cuba y Zimbabue ejemplifican dicha práctica.

A diferencia del referendo revocatorio y de la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente, donde la carga inicial recae en terceros y hay más espacios para meter una cabra, las elecciones regionales y la elección presidencial del 2018 operan de oficio, no admiten excusas ni del gobierno ni de su CNE.

Ante el cambio de circunstancia del 2017 (condicionado a la definición de un calendario electoral, llueva, truene o relampaguee), el gobierno está buscando la manera de armar un mamotreto que muestre la imagen de un cambio pero sin cambio real.

Nuevas elecciones parlamentarias

Y es bajo este contexto que el presidente Maduro recientemente lanzó la tesis de la autodisolución de la Asamblea Nacional. A diferencia del fujimorazo, el madurazo convocaría una elección perentoria que permita vender la idea de que en Venezuela hay democracia -porque se hicieron elecciones parlamentarias- y así promocionar al chavismo como los buenos de la película, los restauradores de un orden constitucional violado por diputados opositores que usurparon funciones legislativas.

La sustitución de las elecciones regionales por otras elecciones, mantendría intacto el balance de poder de facto en el ámbito nacional, estadal y municipal. Por su parte, el gobierno podría distraer la atención sobre el problema real, a saber: una crisis de gobernabilidad causada por la incapacidad del presidente Maduro para ejercer el cargo y el agotamiento irreversible de la propuesta socio-económica y política chavista.

¿Buenas noticias?

Cualquiera sea la elección que el gobierno pretenda estructurar, el chavismo sabe que está manipulando un arma de doble filo. La posibilidad de que ocurra un cambio este año puede cristalizarse de carambola, a través de un proceso electoral, particularmente, en caso de que el gobierno intente o haga un fraude masivo.

De mantenerse o empeorar la crisis económica, la volatilidad social continuaría aumentando e incluso, la situación podría írsele de las manos al presidente Maduro. Cualquier triquiñuela pre o poselectoral comporta el riesgo de generar un tipo de desobediencia legítima en Caracas que haría insostenible la permanencia del régimen actual.

Ante un escenario electoral fraudulento y un colectivo rebelado por los cuatro costados, la cúpula militar tendría que decidir si conspira en contra del sentir mayoritario de la Fuerza Armada de no masacrar a sus conciudadanos o prefiere apoyar a la elite gobernante de turno. Partiendo de la experiencia más reciente, el 6D, da la impresión que los generales no se van a echar ese cacho de agua y se adaptarían a la posición pro-ciudadana de sus compañeros de armas.

Así las cosas, el tema electoral en el 2017 luce como una farsa de ambos sectores políticos, donde uno pretendería usarlo de fachada para relegitimarse en el poder y neutralizar adversarios políticos, mientras que el otro grupo lo estaría viendo como un atajo a su ascenso a Miraflores.

Finalmente, usted, que está en el medio de todo esto, eventualmente le tocará decidir a quién apoyar, si es que todavía se encuentra indeciso… Creo que, en todo caso, lo importante es asumir una posición, asistiendo a la función teatral de su preferencia pero a conciencia, sin dejarse manipular con ofertas engañosas o creyendo en pajaritos preñados…

Publicado originalmente en http://www.lapatilla.com/site/2017/01/09/la-farsa-electoral-del-2017-por-claudio-sandoval/

Lo que debes saber sobre la salida de Maduro

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Hablemos claro y raspao, el cambio en Venezuela sólo puede ocurrir por dos vías: por las buenas o por las malas. El primer camino tiene que ver con la salida electoral, mientras que el segundo presenta muchas variantes, incluyendo la renuncia del presidente y la intervención militar.

Bájese de esa nube

Si no estás armado, tampoco quieres ir a Miraflores a echarte tiros con los colectivos, el hampa y la guardia de honor –que no son mochos y defenderían lo suyo de la única manera que saben hacerlo-, entonces te conviene apostar por la salida electoral y/o ser testigo de una potencial intervención militar.

En cuanto al camino electoral, éste no se encuentra garantizado y probablemente estará minado de obstáculos nada pacíficos.

– ¿Pero por qué asumes eso si la constitución establece que el periodo presidencial es de seis años y, por lo tanto, deben celebrarse elecciones en el año 2018?

– Si la letra de nuestra carta magna se respetara, entonces hoy Nicolás Maduro no sería presidente de Venezuela e igualmente se hubieran realizado los comicios regionales. Pero en vista de que el Chavismo iba a perder en ambos procesos electorales, optó por el sabotaje constitucional. La realidad es que Venezuela tiene un sistema disfuncional que degeneró en cleptocracia y provocó la actual distorsión del orden democrático.

Esto significa que el CNE no luce animado a ejecutar el calendario electoral de oficio, sino que esta vez el que quiera elecciones, tendrá que conquistarlas en la calle. En consecuencia, la apuesta electoral involucrará un sacrificio adicional que pudiera canalizarse en forma de protestas pacíficas para meterle presión al Chavismo.

Ahora bien, ten en cuenta que en todo lugar donde se ha implementado la lucha no violenta, ésta suele generar violencia porque las fuerzas de seguridad del Estado y sus grupos paramilitares reprimen a manifestantes desarmados y violan sus derechos humanos.

Agitar a la gente para pedir la renuncia de Maduro es un error

Cuando nos ubicamos en el tiempo y espacio correcto (año 2017), concluimos que si el presidente renuncia durante el cuarto año de su periodo, el esperado cambio no ocurrirá porque el Chavismo continuaría gobernando hasta diciembre de 2018, de acuerdo al artículo 233 de la constitución venezolana (el cual acatarían irrestrictamente porque les favorece).

A diferencia de Chávez, Nicolás Maduro no es el mandamás interno sino el principal representante de un grupo de co-gobernantes que incluye a Diosdado Cabello, al PSUV, la familia Chávez, Jorge Rodríguez, Aristóbulo Istúriz, etc. Es decir, técnicamente salir del presidente Maduro debería ser igual a sacar al Chavismo del poder ejecutivo, para dar oportunidad a líderes capaces de reconstruir un país llevado a la ruina, en todas sus acepciones.

El orden de la bota

Los militares han tenido un papel preponderante en los cambios políticos del país y lo seguirán teniendo en el futuro cercano. En respuesta a la imponderable militar (¿cómo y cuándo actuarán en contra del gobierno, si es que lo hacen?), hay formadores de opinión que sostienen la tesis de una intervención preventiva ante la inminente hecatombe que comportaría el caos de Ciudad Bolívar esparcido en Caracas.

En otras palabras, frente la tesis de intervención militar ex post facto –que salgan primero los civiles a la calle y cuando nos den la orden de reprimir, tenemos legitimidad para revelamos y prevenir una masacre-, se antepone esta idea de ahorrarle a los ciudadanos el represivo camino de la lucha no violenta. Bajo tal postura, se cree que el Chavismo no renunciará al poder por la vía democrática sino a través de la confrontación violenta. De manera que resulta innecesario exponer las vidas de civiles desarmados a la merced de grupos oficialistas violentos, cuando los únicos que pueden poner orden son las Fuerzas Armadas, en sintonía con el sentir popular que se opone a la permanencia del actual gobierno chavista.

– Pero la estás poniendo muy difícil ¿que nos coma el tigre entonces? Mi mensaje es que quién vive de ilusiones muere de desengaño y perro cobarde no hace perritos. En el 2017 ni la MUD ni la sociedad civil tienen mayor chance de producir cambios políticos tangibles durante el año. Los únicos capaces de hacer un corte de raíz en la estructura del Poder Público serán los militares. Pero eso no depende de ti, mucho menos las probabilidades de éxito de ese escenario, que, quizás, tampoco apoyarías.

Recomiendo no perder el tiempo en protestas que busquen la renuncia de Maduro. Si crees que el Chavismo puede salir por las buenas, trata de enfocarte en la definición del calendario electoral. Si piensas que esto solo puede resolverse por las malas, mide muy bien tu riesgo y recuerda que en pelea de burros, no se meten los pollinos ¿Comprendes por qué Maduro aún sigue en Miraflores? No es fácil ¿verdad? ¡Feliz año!

Publicado originalmente en http://www.lapatilla.com/site/2016/12/26/claudio-j-sandoval-lo-que-debes-saber-sobre-la-salida-de-maduro/

Trump apoyaría cambio de régimen en Venezuela

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En Estados Unidos, la mala reputación del gobierno del presidente Nicolás Maduro es abrumadora. De hecho, esta percepción negativa no solo se limita a la actual administración chavista sino también salpica a la revolución bolivariana, como modelo de progreso en Venezuela y la región.

Tras dieciocho años sin dar pie con bola, el chavismo hoy en día está rayado internacionalmente en el área financiera, económica, política, judicial y en materia de seguridad nacional. Su dificultad para amortizar las deudas en bonos soberanos y de PDVSA, la actual crisis humanitaria, la flagrante violación de la Constitución nacional (v.g. suspensión de facto de elecciones), las investigaciones en materia de corrupción y lavado de dinero, así como el llamado caso de los narcosobrinos, son ejemplos que explican por qué esta mala fama no es gratuita.

¿Qué piensan los formadores de opinión estadounidenses, el círculo de influencia de Trump y el propio Trump sobre Venezuela?

Existen cuatro temas principales en torno a Venezuela. Algunos analistas consideran que no hay salida electoral porque el país está gobernado por delincuentes aliados al poder militar y concluyen que la solución involucra una intervención.

Otros intelectuales argumentan que el diálogo es un error, pues no conducirá al cambió político, mientras el gobierno no se sienta realmente presionado a realizar concesiones.

Luego, encontramos posiciones como la del próximo Secretario de Comercio, Wilbur Ross, quien ha dicho que Venezuela tiene grandes oportunidades de convertirse en una nación económicamente desarrollada, pero esto no será posible con el chavismo en el poder. Según Ross, el cambio requiere de una rebelión popular que instale un nuevo gobierno, e insinúa que la intervención de las Fuerzas Armadas venezolanas se  justifica ante el caos administrativo creado por el chavismo.

Por su parte, Trump afirmó lo siguiente en un discurso preelectoral: “Venezuela es un país rico en recursos, vibrante y bello, lleno de gente trabajadora e increíble. Pero Venezuela ha sido llevada a la ruina por los socialistas…El próximo presidente de Estados Unidos debe solidarizarse con toda la gente oprimida en nuestro hemisferio y yo defenderé a los venezolanos oprimidos que desean ser libres”.

¿Cómo y cuándo?

La administración Trump tendrá un abanico de cartas para armar su juego. Desde el caso extremo de intervenir militarmente, pasando por el apoyo de la insurrección comentada por Ross, hasta la salida de Estados Unidos de su facilitación en el diálogo entre el gobierno y la MUD.

Trump también podría mantener total o parcialmente la estrategia del presidente Obama. Es decir, presionar al Chavismo para que permita elecciones en el 2017 y 2018, al tiempo que, desde los cuerpos de cumplimiento de la ley (law enforcement) y el poder judicial estadounidense, se negocian opciones hacia la transición del régimen con altos funcionarios venezolanos, involucrados en ilícitos transnacionales.

Tarde o temprano, el presidente Trump deberá tomar decisiones sobre la situación de Venezuela. Para ello, tiene un margen de cuatro años. Su intención de aliarse con el presidente ruso Vladimir Putin –quien tiene intereses geopolíticos y económicos en Venezuela-, podría impactar el “timing” en la estrategia de Trump hacia nuestro país.

Sin embargo, el sentimiento público en la nación norteamericana en torno al presidente Maduro y el agotamiento irreversible de la alternativa chavista, hace pensar que Trump apoyaría un cambio de régimen en Venezuela. Amanecerá y veremos…

Originalmente publicado en http://www.lapatilla.com/site/2017/01/02/claudio-sandoval-trump-apoyaria-cambio-de-regimen-en-venezuela/