Henry, escucha con humildad

Te conviene prestar atención a una voz independiente y calificada sobre dos temas en los que parecieras estar pifiando: transición y negociación de conflictos. Te aseguro que esta nota abierta tiene la mejor de las intenciones. Entiendo que eres un político veterano, con piel de caimán tanto para sugerencias constructivas como para el escrutinio al que todo funcionario público está sujeto.

Transición

Lo que has comentado sobre este tema es bastante limitado porque que estás metiendo en un mismo saco transición con justicia transicional y mezclas también el caso de Argentina con el de Chile para sustentar tu opinión, al tiempo que incurres en contradicciones que intentaré resolver porque aunque sabes lo que explicaré, tus nociones están desordenadas y de allí la alergia que te causa “la tal transición”.

Las Ciencias Políticas estudia varios tipos de transiciones, incluyendo una hacia la democracia (caso chileno con elecciones) y otra desde el autoritarismo (no se va directamente a la democracia. Éste fue el caso de la junta de gobierno venezolana del 58).

Henry, en el primer tipo de transición casi siempre tienes que negociar. Con respecto a Argentina, tú mismo echas el cuento que escuchaste del propio presidente Alfonsín, cuando le explicaba a Lusinchi ciertos términos pactados con los “milicos”. Hablas del caso chileno para defender la tesis de que las dictaduras si salen pacíficamente y con votos, pero olvidas que Pinochet obtuvo salvoconductos que incentivaron su aceptación a la exigencia electoral opositora (por ejemplo, fue nombrado senador vitalicio con inmunidad).

Por otro lado, hay transiciones electorales sin justicia transicional -Filipinas (1986), Polonia (1990), Yugoslavia (2000) y Georgia (2003), entre otras. Deberías precisar estos casos porque además de lo electoral, involucran insurrecciones populares no-violentas como motor de la democratización. Y en el caso particular de Yugoslavia, sabes bien que Milošević terminó en la Haya.

Finalmente, en las transiciones desde el autoritarismo no se suele negociar nada puesto que la cúpula gobernante es removida en contra de su voluntad y finalmente se marcha con la cabuya en la pata. Nuestra transición del 58 y, más recientemente, algunos casos de la primavera Árabe ejemplifican este tipo de procesos suma cero.

¿Negociar o no negociar? 

Si vuestro discurso público es la salida electoral a la crisis, la respuesta es obvia. Por supuesto que debes negociar. Siguiendo tú lógica pacífica-electoral, si mi contraparte tiene el control de las armas y del poder electoral, el ABC teórico y práctico de la negociación me indica que estoy obligado a pactar una salida del conflicto bajo ciertos términos y condiciones.

¿Sabes que tienen en común el caso chileno con nuestra crisis? Falta de calendario electoral definido ¿Y será que Claudio pensará que yo soy cogido a lazo para no saber que debo negociar? Henry, sueles enfatizar la sinceridad y coherencia de tu discurso. Te conviene entonces ser menos ambiguo con este tema porque ten la plena certeza que si prevalece la ruta electoral -que dices es tu prioridad-, la oposición irá a una mesa de negociación tarde o temprano. No vaya a ser después que la causa opositora termine pagando el costo político de tu actual indeterminación frente a lo que es una variable inseparable de toda agenda electoral.

¿Qué negociar? 

Estamos de acuerdo que los principios no se negocian (derechos humanos, liberación de rehenes políticos, ayuda humanitaria, etc.). Ahora bien, no te cierres o lleves la conversación al tema de la concesión de tus principios. En una negociación, la oposición podría dar garantías de un costo de salida bajo, es decir, salvoconductos.

Repito, la única manera de escabullir el tema transicional es por la vía de la remoción no-electoral del dictador o poselectoralmente –como en los casos que comenté anteriormente donde tales dictaduras celebraron elecciones ex officio pero trampeadas, cosa que ni siquiera se atreve a hacer el neo-dictador local.

¿Con quién negociar? 

La oposición no debe negociar con los radicales de la cúpula gobernante. Hasta donde sé, no existe ningún caso exitoso en la historia de negociaciones con fanáticos. Por lo tanto, la única negociación con probabilidad de éxito es aquella que incluya a líderes chavistas moderados. 

Por lo menos presta la batea

Tienes la libertad de asumir una actitud pasiva y reactiva frente a la situación. Lo que no estás viendo es que cuando otros líderes políticos plantean la negociación, no se dirigen realmente a los talibanes sino que el objetivo es provocar –como lo está provocando- defecciones, desmarques y sumar más chavistas a la causa de Venezuela –porque se está comprendiendo que la actual crisis no enfrenta al Chavismo contra la oposición sino a Venezuela contra la cúpula minoritaria Madurista.

http://www.lapatilla.com/site/2017/05/23/henry-escucha-con-humildad-por-claudiopedia/

¿Protesta pacífica o violenta?

No hay duda que desde el punto de vista político, la naturaleza de la protesta debe ser pacífica, pues de ello depende su legitimidad nacional e internacional (Hessbruegge 2017). Ahora bien, desde la táctica y estrategia del conflicto, no está del todo claro cuál sería el método de lucha más efectivo para restaurar la democracia venezolana.

Nuestra situación es muy particular y los casos a nivel comparado, apenas nos permitirían presentar análisis preliminares sobre Venezuela. De manera que quien esté postulando una fórmula definitiva, sencillamente ofrece estimaciones temerarias, las cuales podrían obstaculizar el camino hacia la libertad.

Si la transición es inmediatamente hacia la democracia –vía elecciones-, el método de lucha pacífico tendría mayor probabilidad de éxito (Karatnycky y Ackerman 2005). Por su parte, cuando hablamos de una transición desde el autoritarismo –digamos, hay que remover al régimen antes de efectuar elecciones democráticas-, entonces la legitima defensa empieza a ganar terreno, ya sea como factor predominante o combinado con la no-violencia.

De acuerdo a mi hipótesis en el artículo “¿Hacia dónde va Venezuela ahora?”, el segundo escenario tiene mayor probabilidad de materializarse -transición desde el autoritarismo. A pesar de lo anterior, si hacemos un ejercicio hipotético y suponemos que el cambio será por la vía electoral, como ocurrió en Filipinas (Kurt Schock 2004) y en Europa del Este (Ackerman y DuVall 2000), entonces recomiendo mi análisis del 2013, “3 Pasos para derrotar a Castro” y la imprescindible advertencia de Benigno Alarcón “¿Violencia o resultados?

Pienso que ver nuestro caso desde las transiciones pacificas de España y Chile podría llevarnos a conclusiones erradas porque las variables Españolas y Chilenas parecieran no ser significativas en la Venezuela de hoy –Franco murió en el poder, mientras que Pinochet negoció una transición que si la ganaba su gobierno tendría un periodo definido, hasta 1997. Al igual que los Sandinistas en las elecciones de 1990, Pinochet calculó que podía vencer en el plebiscito, al punto que fue finalmente respaldado por 44% de los chilenos. La transición de Chávez no fue para procurar un cambio de régimen sino para consolidar la “revolución” hasta el dos mil siempre. Sus sucesores son impopulares, relativamente jóvenes -sin incentivos para jubilarse-, con cuentas pendientes con la justicia nacional y trasnacional, y están asesorados por Cuba e Irán –regímenes antidemocráticos sólidos que planifican a largo plazo.

Asumiendo que la ruptura inicial no será por medio de elecciones democráticas, la transición venezolana podría tener más similitudes con el convulsionado proceso de la primavera árabe. Cabe aclarar que, indistintamente de las versiones sesgadas frente a lo que se percibía como un proceso de democratización liberal, estas experiencias no fueron pacíficas, involucraron la interacción de violencia y no-violencia, siendo Libia el ejemplo extremo –una intervención humanitaria que sacó a Gadafi con bombas de la OTAN y sofisticadas empresas militares privadas.

La historia muestra que el cambio de regímenes negados a transiciones electorales, suele comportar el uso de la fuerza –no puedes hacer tortilla sin romper los huevos. La sociedad civil desarmada sólo puede lograr este objetivo forzando la división de la Fuerza Armada, a fin de que un grupo relevante se ponga del lado del pueblo e intervenga en su defensa.

La FAN venezolana ya está fracturada entre el privilegiado Alto Mando Militar que apoya al gobierno y la mayoría de militares, en los mandos medios hacia abajo, que lo aborrecen, en vista de la degradación que generó en el país ¿Cuál es el gran temor del gobierno y su Alto Mando? Que las protestas no puedan ser contenidas por la policía, la Guardia Nacional ni los colectivos, y se vean obligados a sacar a los mandos medios de los cuarteles ¿Por qué? Existe el riesgo de que los mandos medios o el propio Alto Mando –dominado por su instinto de auto conservación- vuelvan caras y depongan al régimen. El ejército está acuartelado y fuertemente infiltrado por la inteligencia cubana. Por lo tanto, es difícil que los mandos medios actúen sin la prexistencia de violencia que lo justifique.

Por otra parte, la primavera árabe nos enseña que la legítima defensa focalizada tiene éxito cuando provoca conmoción y reacción masiva en contra de la autocracia. Venezuela está sentada en una bomba de tiempo. De no ser desactivada, la insurgencia popular podría sobrepasar a los represores.

Como defensor de los Derechos Humanos, considero que la protesta no-violenta es el camino correcto. Pero también reconozco que ese deseo personal no es necesariamente el único método útil para Venezuela actualmente. Que la protesta sea pacifica, violenta o una fusión, depende del régimen. La minoría chavista debe decidir entre transición pacífica o suma cero. Sin presión, ya sabemos hacia dónde se inclinaría la balanza.

http://www.lapatilla.com/site/2017/05/22/protesta-pacifica-o-violenta-por-claudiopedia/

El Mercader del Derecho

¿Hacia dónde va Venezuela ahora?

 

abc

Es el momento de hacer una actualización de escenarios y hablar de la estrategia del conflicto. Como preámbulo, debo confesar que decidí autocensurarme en las últimas cuatro semanas por tres razones: primero, estuve evadiendo indicadores (variables) por el temor de llegar a conclusiones pesimistas que no sólo me desesperanzaran individualmente sino también a mi gente. Segundo, por respeto a todos los venezolanos que estuvieron en las calles exponiendo sus vidas, en días claves que demandaban más acción -para mantener la protesta activa- que análisis político. Tercero, el año pasado y a comienzos de enero analice –ex-ante–  lo que está ocurriendo –tanto las protestas con muertos como la farsa electoral que quiere imponer Maduro-, de manera que juzgué incensario llover sobre mojado.

Transición sin elecciones

La ruptura política del régimen por la vía electoral es poco probable. Más bien, me da la impresión de que la transición –cuando sea que ocurra- no será hacia la democracia sino “desde” el autoritarismo. Esto significa que no habría elección presidencial sino después que Maduro salga de Miraflores y se constituya un gobierno encargado, ahora sí, de materializar una transición “hacia” la democracia (si te interesa ahondar en “transitología”, el punto de partida es el clásico de Guillermo O’Donnell y Philippe C. Schmitter “Transiciones desde un gobierno autoritario”).

En este sentido, celebro el cambio de postura de la dirigencia opositora y de algunos formadores de opinión, en cuanto a reconocer que las protestas –como las del 2014 y las actuales- son necesarias para buscar una solución a la crisis. Ahora bien, el régimen tuvo que disolver –de facto- la Asamblea Nacional, suspender indefinidamente los procesos electorales constitucionales e inhabilitar nuevos líderes políticos para que ese liderazgo, viéndose ahora con el cuchillo en la propia barriga, entendiera lo que ya veníamos pronosticando desde hace años: la improbabilidad de una salida electoral y la necesidad de luchar por la democracia en la calle. Y sin ánimo de atizar la candela, es justo dejar sentado que tal egoísmo e indeterminación, costó en parte la libertad de Leopoldo López, de Antonio Ledezma y de otros presos políticos, así como las vidas de hermanos venezolanos, quienes levantaron su voz tempranamente, en contra de un régimen que nunca ha creído en elecciones democráticas. Por otra parte, no nos preocupemos si los líderes de la MUD insisten en elecciones –tal vez yo, en su posición, también haría lo mismo, sobre todo ahora que el chavismo es una minoría en desgracia. Pero el hecho de pedir a la gente que proteste masivamente en la calle y dirigirse de forma pública, inédita y constante a la Fuerza Armada para que ponga el cascabel al gato, es un reconocimiento tácito de que no perciben una ruptura política resultante de elecciones.

Violencia, violencia, violencia

La estrategia del gobierno ha sido lo que yo llamo “la paz de Versalles”, porque no están interesados en alcanzar un acuerdo de muto beneficio sino en pisotear a la oposición, mientras compran más tiempo en el poder y se recuperan económicamente y políticamente. Como se infiere, ese tipo de paz no es duradera, lo cual se evidenció con el “diálogo” del 2014 y su redición en el 2016, iniciativas éstas que apenas lograron contener al pueblo circunstancialmente. El nuevo paquete chileno denominado “constituyente comunal” está enmarcado en la misma lógica. Observamos que tal estrategia instaura un patrón de violencia intermitente in crescendo, es decir, neutralizan la protesta por un tiempo pero ésta resurge eventualmente con mayor fuerza desestabilizadora.

Actualmente, hay incertidumbre sobre cómo terminará la más reciente revuelta social. En este sentido, encontramos una nueva variable que está interactuando con una variable subyacente, a saber: hasta el 2016 la oposición venía transando con el chavismo desmovilizaciones por “diálogo”. Este fue un error que, al parecer, no cometerán por tercera vez. Luego tenemos la agudización de la crisis económica, un fenómeno que intensificará el descontento general hacia Maduro. Observamos, entonces, ingredientes propios de un coctel explosivo que podría aumentar la violencia y prolongarla, ante la intransigencia de Maduro. Una potencial variable emergente sería la fatiga. El régimen está apostando al cansancio y a la desmoralización de los manifestantes. En caso de que esta última variable se imponga, podríamos entrar en el ciclo de la violencia intermitente in crescendo, comentada en el párrafo anterior (2014 – 2017 – ¿?).

Lo que yo quisiera vs. Lo que podría ocurrir

Si fuera por mí, no habría nada que negociar, pues, la ruptura del orden constitucional y democrático obliga a la celebración de elecciones generales. En mi escenario deseado, la oposición gana por paliza y Maduro, junto con su banda de civiles y militares delincuentes quedan inhabilitados políticamente de por vida y bajo rejas –por corrupción, crímenes de lesa humanidad, traición a la patria, y un largo etc.

Para que mi sueño se haga realidad yo tengo que obligar a Maduro y compañía a aceptar una rendición incondicional. Esto solo es posible si cuento con un poder avasallante y/o total sobre mi contraparte. Cuando despierto del sueño, me doy cuenta que en este momento el control de las armas lo tiene el gobierno, en vista del apoyo que reciben del alto mando militar. Esto significa que, en principio, estoy obligado a negociar una salida del conflicto bajo ciertos términos y condiciones.

Esa realidad adversa me enfrenta a un dilema inmediato, para que salgan del poder y dejen al país vivir en paz, debo garantizarles un salvoconducto, aún en contra de mi descomunal anhelo de justicia. Sin embargo, es importante enfatizar que todos los estudios de opinión que he leído indican que la mayoría de los venezolanos no tienen este dilema. La gente no está buscando culpables o vengadores (aparentemente aprendimos la lección, gracias a Dios) sino ¡soluciones!

En caso que yo no quiera negociar o sea mi contraparte quien se niegue a buscar una salida pacífica ganar-ganar, el único camino es la confrontación suma cero –o te saco o muero en el intento. El tema es que como no tengo armas de fuego, antes de armarme, lo más inmediato -en términos de costo oportunidad- es intentar poner en tres y dos la Fuerza Armada –o lo sacas o me matas defendiéndolo.

Desde luego, me niego a la idea de la confrontación. Sin embargo, si ese fuera el único recurso que deja el régimen, entonces, los ciudadanos tendrán que obligar a Maduro a dar la orden de sacar al ejército a la calles. Venezuela tendría que llegar a ese momento de quiebre, en el cual la población civil reta a una institución a decidir hacia dónde apuntar sus fúsiles.

En lo personal, preferiría una negociación, por ser la vía más civilizada, pacífica y menos traumática. Aunque sé cuál es el camino hacia la libertad si la ruta de la concertación está cerrada, sólo he pedido a mis compatriotas venezolanos salir a las calles a arriesgar sus vidas, cuando he estado al frente de esas protestas, algo que no pasará sino hasta que pueda regresar a mi país. Acá, únicamente hago el planteamiento para que cada quien asuma su propia responsabilidad y decida individualmente qué hacer.

Por otra parte, si las estadísticas sobre transiciones de los politólogos Stephan Haggard y Robert R. Kaufman son acertadas (Dictadores y Demócratas 2016), lo más probable es que la ruptura en Venezuela sea institucional -de arriba hacia abajo-, a través de una intervención militar.

En todo caso, recuerda que he planteado conjeturas y proyecciones, el futuro no está prescrito, somos nosotros quienes moldeamos los cambios. Algo que sí puedo asegurarte es que ¡Maduro está perdiendo en este momento! ¡Si se puede Venezuela!

 

La versión publicada en LaPatilla.com está disponible aquí: http://www.lapatilla.com/site/2017/05/15/hacia-donde-va-venezuela-ahora-por-claudiopedia/

Carta al Alto Mando Militar

Gadafi

Inicialmente pensé en hablarles desde mi posición como académico -estudioso de la política y del derecho-, para insistir sobre el rol que ustedes, los representantes de la Fuerza Armada Nacional, deben ejercer conforme al mandato constitucional.

Sin embargo, conociéndolos como los conozco, entendí que perdería mí tiempo si trataba de hacerlos entrar en razón, invocando los valores democráticos de derechos, deberes y justicia, plasmados en nuestra constitución.  Pedirles lealtad a tales valores, sería invitarlos a actuar como caballeros y no como lo que son. Por tal motivo, hablaré desde la moral y con los términos que ustedes entienden: la Realpolitik y la alineación con el más poderoso de turno.

En síntesis, les conviene apoyar a la oposición. De no hacerlo, tanto ustedes como sus familiares podrían terminar en la cárcel, (Dios no lo quiera) ser víctimas de la violencia, sometidos al escarnio público por varias generaciones, y con el grueso de sus fortunas en dólares congeladas. Seguir protegiendo a Maduro y a la elite civil que lo acompaña, derrumbará por completo sus planes de un retiro feliz y privilegiado.

Están consintiendo un tipo de violencia que si escala podría sacarlos del juego

Yo sé que están en una posición difícil, en medio de dos factores polarizados. Yo sé que no quieren violencia porque son ustedes quienes están ejecutando las órdenes de pacificar por la fuerza a un pueblo hambreado y cansado de humillaciones. Yo sé que no quieren más violencia porque son padres y corresponsables por los más recientes asesinatos de jóvenes disidentes, independientemente de que ustedes no deseen la muerte de estudiantes o de que no sean los autores materiales e intelectuales de tales crímenes de lesa humanidad –Léanse el artículo 7 del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.

El problema es que la actual elite civil que gobierna no se va a echar para atrás por motu propio. El temor de que los maten o encarcelen si salen del poder, los ha radicalizado de forma tal que están demostrando ser capaces de reprimir, torturar y matar a todo el que se atraviese, con tal de mantener esa farsa fracasada llamada revolución.

Si uno de sus cálculos es que el otro sector del país cesará su lucha, consideren la siguiente variable. Resulta que los cubanos y el cogollo chavista decidieron cogerse el país definitivamente. El desconocimiento de la Asamblea Nacional, la suspensión de elecciones y la supuesta constituyente significa que los pedazos de la torta del poder en Venezuela ya no son repartidos entre varios factores sino que ahora el control robolucionario tiene que ser total, en vista de que perdieron el apoyo popular.

¿Acaso ustedes creen que el otro grupo se va a quedar con los brazos cruzados? Les informo que esos factores políticos y económicos no se van a dejar quitar sus privilegios y tendrán que matar algunos de ellos y a los millones de venezolanos que aceptan esos liderazgos para poder hacerse del control absoluto de Venezuela. De paso, hay otra variable en contra, la del propio liderazgo chavista –desde Rodríguez Torres hasta Pedro Pérez en Amazonas- marginado por un cogollo negado a compartir el poder fuera de su círculo.

Si los militares no ponen un parado a los cubanos y a sus agentes en Venezuela, serían corresponsables de la matazón que ocurriría en el país. Les comento que, por si no lo sabían, los miles de millones de dólares que los burócratas chavistas se han robado no se comparan a los recursos económicos, nacionales e internacionales, con los que cuenta su contraparte.

Actualmente la oposición venezolana no está armada, pero si la cúpula gobernante no destranca el juego, existe el riesgo de que los sectores radicales de la oposición respondan a esa ley del embudo del gobierno, ya no con manos blancas y piedras sino con balas y bombas. Venezuela podría convertirse en Somalia o Colombia, con fuerzas paraestatales controlando partes del territorio, con autodefensas de ambos lados, defendiendo sus espacios de poder, ejecutando atentados selectivos, terrorismo y secuestros políticos.

Hay otro riesgo aún mayor e indeseable: una intervención de fuerzas extranjeras que haga caída y mesa limpia. Olvídense de H? Chí Minh y su famosa guerra asimétrica. En esta época de drones y ejércitos de mercenarios sofisticados, los líderes políticos y sus altos mandos militares nunca salen vivos. Ese es el caso reciente de Irak y Libia. Por supuesto, después queda la tierra arrasada, un estado fallido y una nación más dividida. Sin embargo, Hussein, Gaddafi, algunos miembros de sus respectivas familias y sus aliados militares no vivieron para contarlo. Venezuela tampoco es Siria o Corea del Norte, así que no se ilusionen con fuerzas rusas y/o chinas cruzando océanos para socorrer al gobiernito de Maduro.

Si hay una salida de mutuo beneficio para todas las partes

 Tienen que darse cuenta que ustedes son el verdadero poder que sostiene al gobiernito. Ellos perdieron la base popular y el apoyo mayoritario de la FAN ¿Con qué respaldo entonces podría ese cogollo emprender una guerra asimétrica? Tendrían que seguir el ejemplo de Sierra Leona y contratar un ejército privado para hacerle frente al grueso de la FAN –opuesta al régimen- y a las fuerzas desplegadas por los sectores civiles armados.

¿Quieren ustedes terminar de fracturar a la FAN? ¿No se dan cuenta que los cubanos y sus protegidos, los tienen manipulados con el psicoterror de que se si les quitan el apoyo, irían derecho a la cárcel –Diosdado diría, si saltan del barco, serán devorados por tiburones? Lamentablemente, en el país de los ciegos, el tuerto es el rey. Los cubanos aplicaron una táctica común en las llamadas autocracias rentistas. La literatura en ciencias políticas es densa en estos casos donde el gobierno civil hace cómplice a la cúpula militar para arraigarla al poder, pues es el factor castrense quien en definitiva puede mantener al desprestigiado dictador gobernando –básicamente ponen a los militares en cargos donde se mueva dinero para después tener maneras de chantajear.

Ante esa vieja táctica, yo les puedo garantizar que, actualmente, ustedes serían protegidos si restituyen el hilo constitucional y permiten que se hagan elecciones generales o se constituya un gobierno de transición, del cual podrían ser enlace. Todavía el agua no ha llegado al cuello y, más bien, están a tiempo de quedar como los héroes que salvaron la democracia venezolana. Con ustedes es posible negociar una amnistía de manera que no sean juzgados ni encarcelados. Entenderíamos que estaban haciéndole el aguaje al gobierno para que éste no les pusiera los ganchos. Si en Colombia y en Centroamérica se llegaron a acuerdos transicionales con factores que cometieron peores excesos, en este caso hay legitimidad para salvarlos a ustedes, porque de eso depende la paz, la gobernabilidad y el desarrollo económico de Venezuela en el corto plazo.

Al lado de los cubanos, Maduro y Diosdado ustedes tienen un pésimo futuro garantizado 

Hay otra táctica cubana que les espera. Cuando ya no sean útiles, los apartarán y usarán como chivos expiatorios. Recuerden que el gobierno siempre necesita culpables. Sabemos que Fidel siempre tuvo favoritos y que solía enamorarse políticamente de camaradas talentosos a los que luego aislaba para que no le hicieran sombra –desde Camilo Cienfuegos hasta Felipe Pérez Roque.

En Venezuela, fíjense como han terminado algunos de sus compañeros militares. Ustedes saben que el único que ha encarcelado y torturado militares, con la excusa de supuesta corrupción y otros delitos, es el gobierno, no la oposición ¿Acaso han visto ustedes a algún militar venezolano preso en Estados Unidos? La realidad demuestra que todo militar que cruzó la calle, se le garantizó su libertad y privilegios. Remítanse a los hechos y comprueben quién ofrece mejor protección de mediano y largo plazo.

Si piensan que de la mano de los cubanos, esta gente va a permanecer en Miraflores indefinidamente, reitero que los factores de poder, nacionales  e internacionales, no van a permitir que la elite que ustedes protegen se eternice en el poder, como ocurrió con los comunistas en aquella isla. Por otro lado, Venezuela no es Cuba y la época tampoco es la misma. Por ejemplo, Cuba carece de los recursos naturales y la importancia geopolítica de Venezuela. Recuerden también que Fidel liquidó a la elite de Batista. Este cogollo chavista podrá matar estudiantes pero jamás logrará eliminar a las elites políticas y económicas que se le oponen y que son, en definitiva, quienes tienen los recursos para luchar por el tiempo que sea necesario.

Les explico cuál es el mayor obstáculo que tendrán con su actual estrategia de estirar la arruga -para ver si la oposición y el resto de Venezuela se dejan meter el dedo, mientras la elite chavista y sus familiares gozan la gran vida capitalista. La analogía es la paz de Versalles, como les advertía a los líderes de ambos sectores que decidieron simular un diálogo en el 2014. Con esta pretensión de paz conveniente para un solo sector no van a aplacar la rebelión sino acumular más pólvora para el futuro cercano.

Mi mensaje final: La guerra viene a menos que ustedes la eviten. La única manera de evitarla es sacando a Maduro y a su grupo. Comprendan que ellos ya no tienen poder; el poder son ustedes. Ahora, si erróneamente piensan que Maduro está ganando y tratan de impedir la guerra neutralizando elementos del otro bando, la misma será inevitable porque ese otro sector si es un poder real en sí mismo y no depende de ustedes para mantenerse en pie de lucha. Mientras más tiempo pase, más violenta será la salida. Y en todos los escenarios violentos, la FAN tendrá un rol protagónico, con ustedes tomando la decisión final o con la intervención de otros oficiales que los sustituyan de facto. Advierto, el apoyo es ahora, no cuando pasen a retiro y no tengan comando. Guerra avisada no mata soldado… ¿Así o más claro?

Publicado en http://www.lapatilla.com/site/2017/05/12/carta-al-alto-mando-militar-por-claudiopedia/