Reflexiones tras la condena de Leopoldo López

La sentencia en contra de Leopoldo López vuelve a encender las alarmas nacionales e internacionales sobre la falta de independencia del poder judicial venezolano.

Este es un problema esencialmente sistémico que engloba a los factores político, moral, penitenciario, económico y educativo.

En Venezuela, la sujeción del sistema de justicia al poder político es histórica. Quizás, la mayor farsa montada hasta ahora haya sido el juicio contra Carlos Andrés -presidente en ejercicio para ese entonces-, con el objetivo de liquidarlo políticamente, como en efecto ocurrió. Lo que devino después de eso, hoy se está pagando con creces.

Como abogado co-defensor de presos políticos (ad honorem), creo tener un conocimiento de primera fuente de lo que rodea el sistema de justicia, incluyendo los intentos de extorsión por parte de funcionarios corruptos, amenazas de muerte, torturas, Sebin, los moto taxistas suicidas -que son los únicos que pueden sortear el tránsito capitalino durante traslados imprevistos de tu defendido, el llanto inconsolable de familiares luego de conocer decisiones injustas, empeorado por el desgaste físico, tras largas esperas nocturnas -a veces solitarias-, en un Palacio de Justicia hostil, donde el hampa común y motorizados se aposentan, cual buitres deseosos de despojar lo que quede de humanidades ya destruidas.

Nadie puede esperar que los derechos de Leopoldo López se respeten, si la Juez que conocía la causa, consintió la violación de sus propios derechos humanos -En mi condición de caballero, sería incapaz de ahondar en detalles.

Tal vez es por eso y porque defiendo derechos humanos que siento compasión por ella, cuando recuerdo su tragedia.

La historia de esta Juez y de la Venezuela actual, es la historia de la decadencia moral de una sociedad victima y victimaria de su propia desdicha.

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