Sin constituyente no hay paraíso

¿Sobre cuál tema existe consenso nacional absoluto en Venezuela? Sin duda, tanto chavistas, como opositores e independientes hablarían de la necesidad de concretar un cambio social.

Formalmente, uno de los pasos ineludibles en el camino hacia el desarrollo de Venezuela implica la negociación de un nuevo contrato social, es decir, la estipulación de reglas de convivencia que verdaderamente reflejen los usos, modos y costumbres de la sociedad Venezolana. En definitiva, se requiere una nueva constitución para la refundación de la República.

¿Otra constitución? Sí, estimado lector, una vez más y cuantas veces sea necesario la sociedad deberá sentarse y ponerse de acuerdo sobre una fórmula autóctona de convivencia pacífica en torno a lo político, social, económico y jurídico.

¿Por qué la Constituyente les conviene a todos?

La principal ventaja política para la oposición radica en que le permitiría acortar los lapsos electorales. Esto significa que a partir de este proceso pueden llegar a Miraflores antes del 2019.

El chavismo también tiene mucho que ganar. En primer lugar, esta cruzada le ayudaría a apartar la atención de los problemas que adolece el país, particularmente el económico (inflación y escasez). En segundo lugar, tendrían la oportunidad de diseñar una Constitución a su gusto y medida, pues, entienden que la Constitución del 99 (CRBV) se quedó corta y no es revolucionaria sino reformista. De hecho, Elías Jaua afirmó en enero, con ocasión al asunto de la sucesión constitucional, que debíamos transcender las formalidades burguesas contenidas en nuestra Carta Magna vigente. En tercer lugar, ustedes controlan el CNE, de manera que podrían mover sus teclas para alcanzar la mayoría en la Asamblea Nacional Constituyente para que la constitución que de allí emane, sea ulteriormente aprobaba por el pueblo mediante elecciones.

Para los independientes, una constituyente representa la posibilidad de contribuir a establecer las bases del Estado conforme con nuestra cultura e identidad, vale decir, los valores propios de esta latitud. Pues se entiende que la actual CRBV si bien generosa en derechos y garantías, contempla un estado de Derecho importado, un sistema principalmente positivista-liberal-burgués que fue innovador en el siglo XVII pero que ha quedado desfasado frente a las nuevas realidades del siglo XXI.

Desventajas para los sectores interesados

Para el gobierno, todo escenario electoral de importancia nacional e internacional (presidenciales, referéndum y constituyente) siempre será un arma de doble filo ya que, por una parte, coloca en tela de juicio la continuidad de su revolución y le obliga a negociar con los máximos custodios del poder (los militares) y, por otra parte, la ruta electoral fraudulenta ha sido, hasta ahora, su mejor fuente de relegitimación.

Con respecto a la oposición e independientes, el problema real del fraude electoral les impone un desafío, en caso que los constituyentes chavistas ganen mayoritariamente de forma ilegal o que una eventual constitución chavista sea aprobada en elecciones fraudulentas, deberán revertir la trampa o el castrismo a la venezolana se perpetuará en el poder indefinidamente, por su culpa (quien no es peón que no se alquile, reza el refrán).

Conclusión

La sociedad venezolana no es ni liberal ni castro-comunista. A pesar de los pesares, el país necesita tomar definitivamente un rumbo concreto y por la calle del medio, ya sea socialista autoritario o democracia a la venezolana. Mientras no nos sinceremos en cuanto a lo que somos, lo que queremos lograr como sociedad y tengamos un proyecto profundamente venezolano plasmado en una hoja de ruta, seguiremos a la deriva, involucionando y perdiendo ventaja competitiva con el resto del mundo. ¡Todo depende de nosotros!

http://www.eluniversal.com/opinion/130725/sin-constituyente-no-hay-paraiso

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3 Pasos para derrotar a Castro

El punto de partida de la salida democrática a la crisis política venezolana es la resolución del problema electoral. El CNE es el principal pilar político del chavismo, su fuente de relegitimación.

Si se derrumba su pilar electoral, la revolución caerá automáticamente, cual efecto dominó.

Ahora bien, ¿cómo se desmonta democráticamente la trampa electoral? En principio, habría que exigir garantías de elecciones transparentes y confiables como condición previa a la participación electoral. No obstante, algunos ejemplos históricos, como la Revolución EDSA (Filipinas) y las Revoluciones de Colores (Yugoslavia, Georgia, Ucrania y Kirguistán), enseñan que los autócratas no suelen modificar los sistemas electorales fraudulentos sobre los cuales edifican su apariencia democrática.

Paso 1: Se debe votar

La participación ciudadana coloca la “papa caliente” en manos del gobierno. La Habana siempre estará dispuesta a activar el fraude si se ve obligada a hacerlo. En otras palabras, si los chavistas participan y la oposición se abstiene de votar, no es necesario hacer trampa.

Paso 2: Se debe ganar

Existe una gran diferencia entre perder por fraude y perder a pesar del fraude. Jurídicamente, toda ilegalidad debe ser denunciada. Políticamente, sería irresponsable sumergir al país en una crisis basándose en las formas, desconociendo el fondo; vale decir, la voluntad mayoritaria de un pueblo trasciende las triquiñuelas realizadas por el poder de turno para engordar sus números.

Paso 3: Cobrar es la clave

En los 5 casos referidos en el segundo párrafo, cada victoria se definió postelectoralmente. Se sabía de antemano que los resultados electorales oficiales no reconocerían la voluntad mayoritaria de los electores. Ante el fraude institucional, las fuerzas opositoras tomaron acciones no violentas contundentes e ¡inmediatas! que produjeron la salida del poder de tales autoridades, ilegítimamente constituidas.

En el caso de Venezuela, la estrategia electoral de la oposición –impulsada por la MUD y Capriles–, es esperar los próximos comicios  presidenciales, con el as bajo la manga de la tendencia prácticamente- irreversible del decrecimiento histórico-electoral del chavismo. Se estima que aunque Capriles haya ganado el pasado 14 de abril, la brecha es tan pírrica que no justificaba su defensa a toda costa.

En términos de fechas, el chavismo tiene sus días contados. En este aspecto no se diferencia de cualquier otra tendencia política local o foránea. Sin embargo, quien espera el fin del chavismo desde su zona de confort corre el riesgo político de ser desplazado.

http://www.eluniversal.com/opinion/130718/3-pasos-para-derrotar-a-castro

Están raspados

Un país donde la política es un show tragicómico puede llegar a convertirse en la meca de dramaturgos y psiquiatras. En mi caso representa un verdadero dolor de cabeza cuando quiero opinar sobre aspectos sustantivos del Estado. Al fin y al cabo, ¿qué sustancia política puede extraerse de la paliza dada por los chavistas a una mujer indefensa en la Asamblea Nacional?

¿Son los políticos el problema más grave?

En cualquier lugar los políticos tienden a modelar valores propios de su cultura. Hagamos el siguiente contraste: si usted olvida su cartera en un sitio público sueco, seguramente la recuperará. Si el desfase le ocurre en Venezuela, probablemente alguien hurtará su pertenencia. En Suecia aquél que se atreva a sobornar a un policía se mete en problemas; en Venezuela los policías suelen matraquear a las personas. En Suecia la tolerancia a la corrupción es excepcional mientras que en Venezuela esa es la regla.

¿Cuál es la diferencia entre un político sueco y su homólogo venezolano? El escandinavo promedio es transparente y honesto ante la tentación.

Según reza la leyenda, Chávez era la principal piedra de tranca para el desarrollo de Venezuela. No obstante, su fallecimiento confirmó que el problema no es un hombre sino una sociedad con baja formación en valores ciudadanos y mayoritariamente transgresora del Estado de Derecho.

De manera que Chávez encarna lo que somos como sociedad.

Desafortunadamente, en este país abundan los Maduro y escasean venezolanos como el maestro José Antonio Abreu.

Capriles fue un bluff

La vida es como un juego de cartas, debes jugar lo mejor posible con la mano que te toque. A pesar de que el flaco no es precisamente un trío de ases, el paraguas de su liderazgo representaba la opción más plausible para movilizar a los ciudadanos y exigir elecciones limpias.

Por eso cuando Capriles me pidió ayuda, yo me comprometí públicamente a apoyarlo bajo tres condiciones: si le hacían fraude debía 1) denunciarlo, 2) desconocer los resultados y 3) ser fiel a esa ruta hasta sus últimas consecuencias.

Sin embargo, Henrique rompió su promesa al tolerar la trampa y convenir la realización de las elecciones municipales en las condiciones irregulares que ya conocemos. Una apuesta que, si bien incongruente, no sorprende pues obedece a cálculos e intereses estrictamente personales (considera que Maduro no aguantará 6 años; electoralmente sigue creciendo y el chavismo decreciendo; no quiere conmociones sociales que empañen su nombre; en la gobernación de Miranda ya tiene una cuota de poder asegurada “mientras tanto”).

Por mi parte, no me he movido de sitio, mi posición ha sido la misma antes, durante y después de las elecciones. Fue Capriles el que se apartó de esta lucha por la democracia.

El que tiene buena voz no manda a cantar a otro

Para los abstencionistas el error de Henrique es la razón que justifica la no participación como solución electoral.

Nada más alejado de la idoneidad. Que Henrique haya reculado no sugiere que deba desecharse la alternativa del voto; por el contrario, ello significa que hay que votar, ganar y, sobre todo, cobrar.

En Venezuela la abstención tuvo su oportunidad de oro en las elecciones parlamentarias del año 2005. Luego del rotundo fracaso de esta estrategia, los abstencionistas culparon a los políticos por no haber deslegitimado al régimen con el 80% de abstención resultante. Pero ¿por qué ellos no tomaron ventaja de la coyuntura y se colocaron al frente de la lucha? ¿No era éste el chance esperado para posicionar su visión y dejar en segundo plano a los partidos? Claro, soñar no cuesta nada… La verdad es que los abstencionistas no tienen el liderazgo que se atribuyen. Por otro lado, ¿hay algún caso exitoso en la historia de la humanidad de liberación popular mediante la abstención?

Con la negativa del CNE de realizar la auditoria conforme a los estándares legales e internacionales, tanto propios como extraños dudaron del carácter fidedigno de los resultados. La deslegitimación del ente electoral fue posible gracias a la participación ciudadana y al trabajo de Capriles junto a su equipo de campaña. Hay que reconocer que el flaco dio lo mejor de sí mismo. No es justo entonces exigirle un esfuerzo superior a su capacidad intelectual.

En dos platos

Existe un grave problema educativo en el país. Mientras no se resuelva, Venezuela seguirá siendo semillero de la clase de políticos que está dominando actualmente la esfera del poder público, quienes, por cierto, no son tan distintos a la mayoría de sus conciudadanos.

La oposición no debería convalidar la celebración de elecciones hasta que exista, efectivamente, garantía de confiabilidad y transparencia. Alternativamente, la participación en elecciones viciadas pudiera ser viable solo si va de la mano de un liderazgo dispuesto a ¡cobrar!, aunque tenga que sacrificar (“mientras tanto”) su preciada zona de confort.

Baja el telón.

http://www.eluniversal.com/opinion/130523/impugnacion-internacional-de-la-eleccion