La Sudamérica poschavista

El periodista Cristian H. Savio Newsweek me entrevistó, en relación con mi opinión sobre lo que viene en Venezuela, tras la muerte de Chávez.

Cuando el 8 de diciembre pasado Hugo Chávez anunció que viajaría nuevamente a La Habana para cometerse a la cuarta intervención quirúrgica en 19 meses, dejó bien clara su decisión de que el vicepresidente Nicolás Maduro fuera su sucesor. Más tarde o más temprano, la salud del presidente de Venezuela determinará que ese legado se haga efectivo. Más allá de las discusiones políticas entre el oficialismo y la oposición, y de las interpretaciones constitucionales en torno a la jura de Chávez para su nuevo mandato, será el ex conductor de subte quien encabece la Revolución Bolivariana. Una circunstancia que, para la mayoría de los analistas políticos, no solo permitirá la continuidad del “chavismo” en el ámbito doméstico, sino que tampoco moverá el amperímetro en la región.

En los días previos al 10 de enero –fecha estipulada para el acto de jura de Chávez- los opositores buscaron hacer hincapié en dos aspectos: en el frente interno, las supuestas diferencias internas en el oficialismo, encarnadas por las figuras de Maduro y del presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello. Y puertas afuera, la ingerencia de Cuba en la política venezolana, como símbolo de una dependencia ideológica que atenta contra la soberanía y amenaza con sumir a la nación en una crisis.

Si el cónclave organizado por Chávez alrededor de su lecho de convalecencia en La Habana, con las principales figuras de su fuerza política, desestimó la primera de las hipótesis, no ayudó a hacer lo propio con la segunda. “Todo se está decidiendo en La Habana”, dijo el ex embajador ante las Naciones Unidas Diego Arria, quien compitió en las primarias del año pasado por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). “Los cubanos controlan la inteligencia y las fuerzas armadas venezolanas”

Coincide Claudio J. Sandoval, profesor de derecho en la Universidad Central de Venezuela. Maduro es “el reemplazo ideal de Chávez, elegido consensualmente por los hermanos Castro”, y su Venezuela será “inestable y dependiente”, anticipó con tono tremendista a Newsweek.

Nada cambiará, según los analistas internacionales, la relación bilateral de la Venezuela de Maduro con la Argentina. Y tampoco el escenario latinoamericano se verá alterado con la ausencia de Chávez, pues en realidad en los últimos dos años el líder bolivariano había modificado radicalmente la imagen y actitud contestataria que había caracterizado su actuación regional en la primera década de su mandato.

Ese cambio se manifestó básicamente en tres aspectos: el enfriamiento de su pronunciado antiamericanismo inicial, motivado en gran parte por la llegada a la Casa Blanca de Barack Obama; el fin de la tensión con Colombia, su histórico principal vecino, con Juan Manuel Santos en la presidencia; y la definitiva incorporación venezolana a América del Sur en términos geopolíticos y económicos. “En los últimos dos años Chávez ha aceptado el liderazgo brasileño y ha terminado con la corriente chavista en la región a través de su incorporación al Mercosur”, analiza Jorge Castro, director del Instituto de Planeamiento Estratégico. “Así, su virtual desaparición de la escena lo que hace es convalidar estos cambios”.

Como sucesor surgido en el seno del chavismo y ungido por el propio líder, Maduro procurará mantener el sistema de alianzas regionales establecido por ese último Chávez. Pero lo que Maduro no podrá reemplazar es el liderazgo personal del comandante, un aspecto central de su política exterior. Y si el Chávez de los últimos dos años fue aminorando paulatinamente esa característica, su ausencia puede mostrarnos que América Latina habrá perdido a su principal figura.

¿Quién podrá tomar esa posta? “El único que tiene el conocimiento, la formación y la capacidad oratoria de Chávez es Rafael Correa”, sentenció a una radio colombiana el sociólogo alemán Heinz Dieterich, forjador del concepto de “socialismo del siglo XXI” y mentor intelectual de Chávez. “Pero Ecuador es tan pequeño que los otros países no aceptarían un papel de protagonista como lo tuvo Chávez”. Julio Burdman, director de las carreras de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad de Belgrano, admite que el auge petrolero de la última década fue clave en lo que considera una “sobrestimada hipótesis del impacto internacional de lo que sucede en Venezuela”, pero no soslaya el liderazgo popular de Chávez como motor principal de la “inesperada importancia política” del país caribeño.

“No tenemos una estrella en el firmamento como fue Chávez”, lamentó Dieterich. Entre el carisma de Correa y el poderío económico que sustenta a Dilma Rousseff podría estar esa nueva estrella. Aunque, es obvio, con un brillo diferente.

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