La ausencia absoluta de la Unasur

La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) es un proceso de integración regional que inicialmente parecía novedoso, dinámico y exitoso. En sus pocos años de funcionamiento consiguió atenuar el protagonismo, en calidad de foro de discusión política, de organismos como el Grupo de Río o la misma Organización de Estados Americanos (OEA).

Sin embargo, este desempeño se tornó insostenible y la organización pasó a ser “un proceso más” de los muchos existentes en América Latina y el Caribe. Así por ejemplo, el dinamismo presidencial ya no es el mismo y la gestión de Venezuela (en manos de Alí Rodríguez) ha sido compleja en varios sentidos: Primero, Venezuela intenta “revolucionar” la Unasur, es decir, convertir a este subbloque en “antiimperialista”; segundo, las malas relaciones de la Secretaría General (que quiere actuar como Presidencia y no como apoyo técnico administrativo tal como lo expone el propio Tratado Constitutivo de la Unasur) con la Presidencia Pro Tempore, han sumado una complicación al joven proceso.

De igual modo, Venezuela introdujo infructuosamente la práctica domestica de designar en cargos clave a “amigos y compañeros de partido”, burócratas que, por cierto, se han convertido en “toderos” que pasan por cuanto cargo transita su Jefe, en este caso Alí Rodríguez. El problema es que, a diferencia del ámbito interno, en el organismo internacional, esta casta venezolana ha tenido encontronazos con la burocracia media –alta de las Cancillerías de América del Sur. Al nepotismo debe agregársele, la desconfianza de la “Cancillería Revolucionaria” hacia funcionarios de carrera, profesionales formados y con experiencia en estas lides. Se ha optado por personal contratado, outsiders y gente que no tiene la más mínima idea de lo qué es la diplomacia y menos la multilateral la cual exige ciertas características profesionales  y hasta personales.

Unido a lo anterior, la situación en el Paraguay, que ocasionó su suspensión del bloque suramericano, fue el primer síntoma contundente del problema de la Unasur. Su omisión reciente en el caso de Venezuela confirma definitivamente el sesgo de su agenda y el doble estándar de apreciación: A los adversarios los excluyo, con los amigos guardo silencio cómplice.

En tal sentido, esa realidad está atada a los intereses económicos bilaterales (con sus sectores públicos y privados) de Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador y Uruguay con Caracas; a lo que debe sumarse la “cooperación” vía Petrocaribe que recibe Guyana y Surinam, así como el apoyo prestado a Colombia en sus negociaciones con las FARC.

Tampoco es un secreto el dinero y esfuerzo que Venezuela invirtió a fin de instalar el llamado “Consejo Electoral de la Unasur” cuya primera misión formal sería la elección presidencial en Venezuela del 2012, con un Secretario General venezolano y un Jefe de la Misión de Observación Electoral cercano al gobierno de Caracas. Ante la ausencia de la OEA y otros organismos reconocidos y con trayectoria, se “aprovechó” la seriedad que todavía le quedaba a la Unasur para dar aval a la elección.

Actualmente, el bloque está cooptado y no funciona plenamente. Salvo el Consejo de Defensa Suramericano, el resto del organismo vive una parálisis generada por las inconsistencias de la diplomacia bolivariana. Caso concreto, la participación de Venezuela en el “Consejo Suramericano de Infraestructura y Planeamiento (Cosiplan)”.

El Cosiplan se formó por iniciativa del Brasil y por acuerdo de todos los países presentes (Venezuela siempre estuvo ausente). Inicialmente, se decidió que la entonces Secretaría Técnica de la Iniciativa para la Integración Regional Suramericana (IIRSA) fuese incorporada al nuevo organismo, Venezuela nunca participó ni negoció este proceso debido a que se consideraba a la IIRSA como una iniciativa con carácter “imperialista”, ya que contaba en su seno con la presencia de organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo. Hoy el Cosiplan enfrenta el vía crucis representado por la delegación venezolana, dedicada exclusivamente a objetar, vetar y criticar cualquier propuesta presentada (en este y todos los Consejos Ministeriales), sin presentar alternativas, contrapropuesta o solución. El ejercicio constante del poder de “veto” (cuyo uso por parte  Estados Unidos en el Consejo de Seguridad ha sido condenado vehementemente por Venezuela) ha significado una desaceleración para los trabajos del ente suramericano.

Por último, queda demostrado que la Unasur es su propia contradicción, al ser fiel representante del sistema anacrónico que denuncia. En consecuencia, la defensa de la Democracia y de los Derechos Humanos en la Unasur depende de los intereses nacionales de sus Estados miembros y es proporcional al nivel de relaciones económicas y el dinero que circula.

claudioj.sandoval@gmail.com

http://www.eluniversal.com/opinion/130117/la-ausencia-absoluta-de-la-unasur

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