La OEA, especie en peligro de extinción

Para los estados miembros de la OEA el compromiso democrático nunca ha sido prioritario sino retórico. Así, la suspensión del Chile de Pinochet -y de cualquier otra dictadura de derecha en America Latina- era tan viable como la que sí se ejecutó contra el régimen antidemocrático de Castro.

Finalizada la dictadura de Fujimori en los 90, se pensó que la democratización en el hemisferio estaba garantizada. Nada más oportuno entonces que firmar, por consenso abrumador, la Carta Democrática Interamericana (CDI) aquel histórico 11 de septiembre de 2001.

Desafortunadamente, nuestro balance de la década presenta a la democracia interamericana aún supeditada a los intereses político-económicos de los Estados.

La sentencia del TSJ a nivel interno y de la OEA

El fallo que reafirmó a Maduro en la Presidencia refleja dos graves problemas de Venezuela, uno de corte moral y otro institucional. Esta decisión (02-09/01/2013) emitida por el TSJ chavista es moralmente idéntica a la dictada por el TSJ opositor en 2002, que estableció la noción de vació de poder en relación a los sucesos del 11A (Sala Plena Accidental 14/08/2002). En cuanto a esta última sentencia, el chavismo alegó que el TSJ opositor había puesto la “plasta” porque con ello violó la Constitución y convalidó un golpe de Estado al no reconocerlo. Con respecto a la reciente decisión del TSJ chavista, la oposición presenta el mismo alegato. Esto significa que estamos en presencia de una casta de políticos que piensa igual; para ellos el problema no es la violación a la Constitución vía golpe de Estado, el problema tiene lugar cuando esa violación no les favorece. Por supuesto, la solución no es consolidar un Poder Judicial independiente sino colocar magistrados serviles que produzcan interpretaciones apegadas a sus intereses, incluso si ello implica la convalidación de acciones contrarias al Estado de Derecho.

En Venezuela los magistrados del TSJ siguen órdenes de quien los monta en el cargo, por encima del compromiso de cumplir y hacer cumplir el marco jurídico. A partir de esta perspectiva, se entiende que no es suficiente que la sentencia sea jurídicamente impecable cuando no emana de un árbitro imparcial. Pues el árbitro la redacta tomando en cuenta su rol como político (opositor en 2002 o chavista en 2013) y no como Juez apegado prioritariamente a lo jurídico.

En consecuencia, el debate acerca de la validez-invalidez jurídica de los criterios emitidos por políticos-magistrados siempre quedará en segundo plano, en razón de la invariable inocuidad de tales sentencias.

En el ámbito internacional, la OEA hubiese podido lavarse las manos interpretando lo siguiente: “en Venezuela no existe ruptura del orden democrático ya que a nivel nacional y mundial todos acuerdan reconocer la corriente política elegida popularmente para detentar el poder a partir del 10 de enero de 2013 (chavismo). La presidencia interina de Maduro no constituye un cambio de gobierno conforme con la Carta Democrática Interamericana”. Pero Insulza, por ejemplo, optó por la cínica postura de avalar una sentencia proveniente de un Poder Judicial secuestrado.

Insulza desprestigió a la OEA

Si el actual Secretario General hubiese tenido la voluntad de atender formalmente este asunto, contaba con el poder para convocar al Consejo Permanente (CP) a fin de que se realizara una apreciación y pronunciamiento colectivo sobre las repercusiones de la imposibilidad momentánea del presidente Chávez de asumir su cargo (artículos 3, 18 y 20 de la CDI).

Desde allí, Insulza ha podido ser impulsor de una declaración suscrita por la mayoría de los estados miembros donde la OEA 1) deseaba la pronta recuperación del presidente Chávez a fin de que se incorporara al cargo y 2) esperaba que mientras tanto la situación se encausara constitucionalmente.

Desde el punto de vista diplomático, una declaración con ese contenido era aceptable pues se entiende que proviene de un órgano de carácter eminentemente político, conformado totalmente por estados que lo menos que pueden hacer es declarar en su contra (en contraste con otras instancias autónomas y primordialmente técnicas como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos quien, en su oportunidad, ha denunciado la falta de independencia del poder judicial en Venezuela).

Por lo tanto, nuestra condena a Insulza no obedece a que tenga intereses u opiniones contrarias a la nuestra, más bien porque dejó de ejercer sus funciones de acuerdo al marco legal interamericano que obligaba a la organización a establecer una postura oficial de carácter político sobre el caso. Estábamos pidiendo la resolución de la OEA, no un pronunciamiento accidental o que éste nos favoreciera.

En ese sentido, observamos con preocupación cómo las pobres actuaciones y omisiones de Insulza, en momentos protagónicos para la organización, lo han convertido en un agente interno de debilitamiento de esta institución.

claudioj.sandoval@gmail.com

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CELAC y la geopolítica atlántica

La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) se estrena en su primera reunión Cumbre con los países de la Unión Europea (UE) en lo que se ha llamado Cumbre CELAC-UE, a realizarse en Santiago de Chile este fin de semana.

El diálogo entre la UE y los países de la región tiene especial importancia en el contexto actual de crisis económica en el viejo continente; América Latina es el “refugio” de las principales empresas europeas (buena parte de ellas españolas) por lo que resulta clave para países como España consolidar y avanzar en la relación birregional.

La CELAC en este primer año de existencia, desde su fortalecimiento en Caracas en 2011, ha tenido primeros pasos muy “tibios”, sin avances significativos y declaraciones políticas intrascendentes.

Ahora bien, ¿cuál es la geopolítica de la CELAC? Este ente no nació para aislar a los Estados Unidos o Canadá, más bien se funda como un esfuerzo de unir a los países de América Latina y el Caribe en un espacio único, propio, en la búsqueda de una identidad común.

Igualmente, es el mecanismo perfecto con que cuenta México para “atenuar” la preponderancia brasilera en la UNASUR. También hay que tomar en cuenta que tanto México como otros países no suramericanos deben esperar al menos unos 4 años ó más para ser miembros plenos de la UNASUR. En una primera etapa, quien solicite ser miembro de la UNASUR (observador) debe esperar un tiempo prudencial antes de conseguir ser miembro pleno.

En este contexto, la mejor herramienta era la creación de un nuevo mecanismo, uno en el cual participaran todos los países de la región y con el objetivo claro de “trasladar” la legitimidad, rapidez y “eficiencia” de la UNASUR a la CELAC, con un Brasil y un México en igualdad de condiciones.

¿Es la CELAC una preocupación para Washington? En lo absoluto, la CELAC no cuenta con un país que asuma el peso económico y político de apuntalar ese proceso, carece de sede, no hay presupuesto y tiene una presidencia pro tempore unida a una troika que lejos de agilizar paraliza la toma de decisiones.

Los gobiernos de izquierda olvidan que mientras ellos gritaban “ha muerto el ALCA” Washington continuaba y adelantaba sus negociaciones bilaterales en materia comercial. Mejor negociar bilateralmente que frente a un bloque, pensaron en la tierra del Tío Sam.

Mientras se tiene la fantasía de que la CELAC significará una especie de “OEA sin Estados Unidos ni Canadá”, los países caribeños, Ecuador, la mayoría de los centroamericanos, Bolivia, Paraguay y Uruguay se benefician de importantes programas que son financiados por la OEA.

La presidencia de Cuba de la CELAC intentará dinamizar el mecanismo, sin embargo, la fórmula del consenso impondrá la necesidad de negociaciones. Así pues, sólo los países anti-imperialistas del ALBA – TCP: Antigua y Barbuda, Dominica, San Vicente (caribeños y participantes de todas las iniciativas financiadas por Washington para el Caribe), Ecuador (cuya moneda es el dólar de los Estados Unidos), Nicaragua (que tiene un TLC con Estados Unidos en el marco del llamado DR-CAFTA), Bolivia, Cuba y la revolucionaria Venezuela (cuyo principal socio comercial y destino de exportaciones petroleras son los Estados Unidos), intentarán mantener una ilusión de lucha contra el llamado “Imperio”.

¿Qué veremos en Santiago? hasta ahora, una Venezuela aislada que intenta bloquear o detener propuestas en la Declaración e iniciativas pero al final, como es costumbre, la llamada “diplomacia bolivariana” cederá lo que evitaba aprobar y hasta más a última hora; una larga declaración política y compromisos por incumplir lo que les permitirá a todos volverse a reunir en algún otro paradisiaco lugar para renegociar y mencionar lo mismo que habían aprobado.

claudioj.sandoval@gmail.com

La Sudamérica poschavista

El periodista Cristian H. Savio Newsweek me entrevistó, en relación con mi opinión sobre lo que viene en Venezuela, tras la muerte de Chávez.

Cuando el 8 de diciembre pasado Hugo Chávez anunció que viajaría nuevamente a La Habana para cometerse a la cuarta intervención quirúrgica en 19 meses, dejó bien clara su decisión de que el vicepresidente Nicolás Maduro fuera su sucesor. Más tarde o más temprano, la salud del presidente de Venezuela determinará que ese legado se haga efectivo. Más allá de las discusiones políticas entre el oficialismo y la oposición, y de las interpretaciones constitucionales en torno a la jura de Chávez para su nuevo mandato, será el ex conductor de subte quien encabece la Revolución Bolivariana. Una circunstancia que, para la mayoría de los analistas políticos, no solo permitirá la continuidad del “chavismo” en el ámbito doméstico, sino que tampoco moverá el amperímetro en la región.

En los días previos al 10 de enero –fecha estipulada para el acto de jura de Chávez- los opositores buscaron hacer hincapié en dos aspectos: en el frente interno, las supuestas diferencias internas en el oficialismo, encarnadas por las figuras de Maduro y del presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello. Y puertas afuera, la ingerencia de Cuba en la política venezolana, como símbolo de una dependencia ideológica que atenta contra la soberanía y amenaza con sumir a la nación en una crisis.

Si el cónclave organizado por Chávez alrededor de su lecho de convalecencia en La Habana, con las principales figuras de su fuerza política, desestimó la primera de las hipótesis, no ayudó a hacer lo propio con la segunda. “Todo se está decidiendo en La Habana”, dijo el ex embajador ante las Naciones Unidas Diego Arria, quien compitió en las primarias del año pasado por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). “Los cubanos controlan la inteligencia y las fuerzas armadas venezolanas”

Coincide Claudio J. Sandoval, profesor de derecho en la Universidad Central de Venezuela. Maduro es “el reemplazo ideal de Chávez, elegido consensualmente por los hermanos Castro”, y su Venezuela será “inestable y dependiente”, anticipó con tono tremendista a Newsweek.

Nada cambiará, según los analistas internacionales, la relación bilateral de la Venezuela de Maduro con la Argentina. Y tampoco el escenario latinoamericano se verá alterado con la ausencia de Chávez, pues en realidad en los últimos dos años el líder bolivariano había modificado radicalmente la imagen y actitud contestataria que había caracterizado su actuación regional en la primera década de su mandato.

Ese cambio se manifestó básicamente en tres aspectos: el enfriamiento de su pronunciado antiamericanismo inicial, motivado en gran parte por la llegada a la Casa Blanca de Barack Obama; el fin de la tensión con Colombia, su histórico principal vecino, con Juan Manuel Santos en la presidencia; y la definitiva incorporación venezolana a América del Sur en términos geopolíticos y económicos. “En los últimos dos años Chávez ha aceptado el liderazgo brasileño y ha terminado con la corriente chavista en la región a través de su incorporación al Mercosur”, analiza Jorge Castro, director del Instituto de Planeamiento Estratégico. “Así, su virtual desaparición de la escena lo que hace es convalidar estos cambios”.

Como sucesor surgido en el seno del chavismo y ungido por el propio líder, Maduro procurará mantener el sistema de alianzas regionales establecido por ese último Chávez. Pero lo que Maduro no podrá reemplazar es el liderazgo personal del comandante, un aspecto central de su política exterior. Y si el Chávez de los últimos dos años fue aminorando paulatinamente esa característica, su ausencia puede mostrarnos que América Latina habrá perdido a su principal figura.

¿Quién podrá tomar esa posta? “El único que tiene el conocimiento, la formación y la capacidad oratoria de Chávez es Rafael Correa”, sentenció a una radio colombiana el sociólogo alemán Heinz Dieterich, forjador del concepto de “socialismo del siglo XXI” y mentor intelectual de Chávez. “Pero Ecuador es tan pequeño que los otros países no aceptarían un papel de protagonista como lo tuvo Chávez”. Julio Burdman, director de las carreras de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad de Belgrano, admite que el auge petrolero de la última década fue clave en lo que considera una “sobrestimada hipótesis del impacto internacional de lo que sucede en Venezuela”, pero no soslaya el liderazgo popular de Chávez como motor principal de la “inesperada importancia política” del país caribeño.

“No tenemos una estrella en el firmamento como fue Chávez”, lamentó Dieterich. Entre el carisma de Correa y el poderío económico que sustenta a Dilma Rousseff podría estar esa nueva estrella. Aunque, es obvio, con un brillo diferente.

La ausencia absoluta de la Unasur

La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) es un proceso de integración regional que inicialmente parecía novedoso, dinámico y exitoso. En sus pocos años de funcionamiento consiguió atenuar el protagonismo, en calidad de foro de discusión política, de organismos como el Grupo de Río o la misma Organización de Estados Americanos (OEA).

Sin embargo, este desempeño se tornó insostenible y la organización pasó a ser “un proceso más” de los muchos existentes en América Latina y el Caribe. Así por ejemplo, el dinamismo presidencial ya no es el mismo y la gestión de Venezuela (en manos de Alí Rodríguez) ha sido compleja en varios sentidos: Primero, Venezuela intenta “revolucionar” la Unasur, es decir, convertir a este subbloque en “antiimperialista”; segundo, las malas relaciones de la Secretaría General (que quiere actuar como Presidencia y no como apoyo técnico administrativo tal como lo expone el propio Tratado Constitutivo de la Unasur) con la Presidencia Pro Tempore, han sumado una complicación al joven proceso.

De igual modo, Venezuela introdujo infructuosamente la práctica domestica de designar en cargos clave a “amigos y compañeros de partido”, burócratas que, por cierto, se han convertido en “toderos” que pasan por cuanto cargo transita su Jefe, en este caso Alí Rodríguez. El problema es que, a diferencia del ámbito interno, en el organismo internacional, esta casta venezolana ha tenido encontronazos con la burocracia media –alta de las Cancillerías de América del Sur. Al nepotismo debe agregársele, la desconfianza de la “Cancillería Revolucionaria” hacia funcionarios de carrera, profesionales formados y con experiencia en estas lides. Se ha optado por personal contratado, outsiders y gente que no tiene la más mínima idea de lo qué es la diplomacia y menos la multilateral la cual exige ciertas características profesionales  y hasta personales.

Unido a lo anterior, la situación en el Paraguay, que ocasionó su suspensión del bloque suramericano, fue el primer síntoma contundente del problema de la Unasur. Su omisión reciente en el caso de Venezuela confirma definitivamente el sesgo de su agenda y el doble estándar de apreciación: A los adversarios los excluyo, con los amigos guardo silencio cómplice.

En tal sentido, esa realidad está atada a los intereses económicos bilaterales (con sus sectores públicos y privados) de Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador y Uruguay con Caracas; a lo que debe sumarse la “cooperación” vía Petrocaribe que recibe Guyana y Surinam, así como el apoyo prestado a Colombia en sus negociaciones con las FARC.

Tampoco es un secreto el dinero y esfuerzo que Venezuela invirtió a fin de instalar el llamado “Consejo Electoral de la Unasur” cuya primera misión formal sería la elección presidencial en Venezuela del 2012, con un Secretario General venezolano y un Jefe de la Misión de Observación Electoral cercano al gobierno de Caracas. Ante la ausencia de la OEA y otros organismos reconocidos y con trayectoria, se “aprovechó” la seriedad que todavía le quedaba a la Unasur para dar aval a la elección.

Actualmente, el bloque está cooptado y no funciona plenamente. Salvo el Consejo de Defensa Suramericano, el resto del organismo vive una parálisis generada por las inconsistencias de la diplomacia bolivariana. Caso concreto, la participación de Venezuela en el “Consejo Suramericano de Infraestructura y Planeamiento (Cosiplan)”.

El Cosiplan se formó por iniciativa del Brasil y por acuerdo de todos los países presentes (Venezuela siempre estuvo ausente). Inicialmente, se decidió que la entonces Secretaría Técnica de la Iniciativa para la Integración Regional Suramericana (IIRSA) fuese incorporada al nuevo organismo, Venezuela nunca participó ni negoció este proceso debido a que se consideraba a la IIRSA como una iniciativa con carácter “imperialista”, ya que contaba en su seno con la presencia de organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo. Hoy el Cosiplan enfrenta el vía crucis representado por la delegación venezolana, dedicada exclusivamente a objetar, vetar y criticar cualquier propuesta presentada (en este y todos los Consejos Ministeriales), sin presentar alternativas, contrapropuesta o solución. El ejercicio constante del poder de “veto” (cuyo uso por parte  Estados Unidos en el Consejo de Seguridad ha sido condenado vehementemente por Venezuela) ha significado una desaceleración para los trabajos del ente suramericano.

Por último, queda demostrado que la Unasur es su propia contradicción, al ser fiel representante del sistema anacrónico que denuncia. En consecuencia, la defensa de la Democracia y de los Derechos Humanos en la Unasur depende de los intereses nacionales de sus Estados miembros y es proporcional al nivel de relaciones económicas y el dinero que circula.

claudioj.sandoval@gmail.com

http://www.eluniversal.com/opinion/130117/la-ausencia-absoluta-de-la-unasur

OEA, ¿golpe de estado en Venezuela?

Dentro del marco del Derecho Interamericano, la falta de juramentación oportuna del presidente electo Hugo Chávez, podría activar el artículo 20 de la Carta Democrática Interamericana. A tal efecto, la norma citada permite a cualquier Estado Miembro o al Secretario General, solicitar una convocatoria inmediata del Consejo Permanente para realizar una apreciación colectiva de la posible alteración del orden constitucional en Venezuela y que, en consecuencia, se adopten las decisiones que estime conveniente el Consejo.

Internamente, se ha generado gran polémica alrededor de la tempestividad de la juramentación y sus consecuencias jurídicas. A pesar de que algunos juristas estiman que los artículos 231 y 233 de la Constitución son expresos, por otra parte se ha planteado que la no juramentación hoy 10 de enero, en lugar de transferir interinamente el cargo al presidente del Parlamento, prorroga el período presidencial anterior indefinidamente, hasta que Chávez esté en capacidad de juramentarse.

En el ámbito internacional, Estados Unidos y Brasil consideran que esta coyuntura debe resolverse siguiendo el pie de la letra de la Constitución. A nivel comparado, en los casos de Paraguay y Honduras, quienes asumieron control del poder rechazaron las acusaciones de golpe parlamentario. Sin embargo, la OEA posteriormente emitió su criterio sobre tales acontecimientos. Como es de esperarse, las autoridades venezolanas que asumen o continúan en el poder tampoco reconocerán que han actuado en contra de su Constitución. Por ese motivo, pienso que la misma razón que obligó a la OEA a conocer el caso de la destitución presidencial en Paraguay opera en esta ocasión ya que existe una situación susceptible de quebrantar el orden constitucional de un Estado miembro y, a falta de consenso interno, es la OEA el ente regional encargado de emitir la interpretación institucional y calificada al respecto.

La desestimación del caso venezolano, en parte develaría debilidad y/o apatía de los principales actores hemisféricos en torno a temas fundamentales que impactan el orden democrático de la región.

claudioj.sandoval@gmail.com

http://www.eluniversal.com/opinion/130110/oea-golpe-de-estado-en-venezuela

Estrategia de la Unidad Electoral

Lo siguiente no es un escenario sino el anuncio de lo que ocurrirá: Chávez no ejercerá su cargo efectivamente este nuevo periodo constitucional. Vivo o muerto, se gobernará en su nombre, es decir, colocando en frente su imagen física o simbólica en el marco de formalidades jurídicas. Habrá elección presidencial en consecuencia.

Escenarios y posibilidades para Capriles y Maduro

¿Cuando se realizará esta eleción presidencial? No lo sé pero ello no obsta para que comente sobre algunos elementos suponiendo que el comicio tuviese lugar este año. Henrique sólo tiene dos oportunidades de seguir siendo el candidato “unitario” de la oposición: 1) Que la elección se realice dentro de los próximos 6 meses (aunque perdería frente a Maduro), o 2) Si se hacen primarias. Quiere decir que si no hay elecciones en los próximos 6 meses y tampoco se hacen primarias, Capriles no será el candidato unitario de la oposición. Es decir, podrá lanzar su candidatura pero no sería unitaria.

Por lo pronto el candidato unitario es Capriles porque los demás retadores opositores están neutralizados con lo que denomino genéricamente como el “efecto Diosdado”, esto es, la contención de aspiraciones presidenciales a causa de las circunstancias actuales. Recuérdese que Chávez designó directamente a Maduro, ergo, retar a Maduro es retar a Chavezper se. Para la oposición, el 7-O todavía es un evento fresco de manera que si alguno de ellos, María Corina, Ledezma, Diego Arria o el tigre reta a Capriles, estaría retando a más de seis millones de votos opositores per se. En consecuencia, esas legítimas aspiraciones serían vistas, al menos, como la ambición del avaro inoportuno. En síntesis, lo reciente de los acontecimientos en ambos sectores obliga a los retadores a aceptar a Capriles y a Maduro como los candidatos presidenciales.

El problema para la oposición es que si el evento electoral se realiza durante este primer semestre del año, Capriles será derrotado sin lugar a dudas por “Maduro”.

En términos de sostenibilidad de la unidad opositora, en la medida que pase el tiempo y crezca la legítima aspiración de los otros posibles candidatos mencionados anteriormente, el único chance real para la candidatura unitaria de Henrique sería mediante primarias. En primarias, gana Capriles, si bien se trata de un escenario remoto por la dificultad de replicar tal iniciativa nuevamente.

Según lo veo, ni Capriles, ni Ledezma, María Corina, Eduardo Fernández y Diego Arría podrían derrotar electoralmente a Maduro en el corto plazo. Por lo tanto, la opción más conveniente para el chavismo, antes de que se maten entre ellos mismos y/o desmorone su reinado, es que su CNE convoque la elección presidencial entre marzo y julio. La victoria del chavismo, legitimaría a Maduro en el cargo, presumiblemente estabilizaría un poco el árbol torcido de la inestabilidad, producto del vacío de poder y sostendría al personaje en cuestión por un tiempo más en el coroto; eso si con la espada de Damocles del caracazo y la presión militar.

Mensaje para ambos bandos y al país sobre lo electoral

Desde el punto de vista estratégico, existen dos alternativas para que una oposición pueda acceder al poder en cualquier país, a saber: 1) Emergencia nacional de otro tipo de liderazgo diferente al de turno y que existan las condiciones históricas para un cambio. En este momento esas condiciones para el cambio en Venezuela están presentes, en virtud del vacío de poder que confronta el chavismo sin Chávez. Históricamente está demostrado que cuando “condiciones de cambio” y “liderazgo” convergen, no hay autoridad electoral que pueda contener esa avalancha. En este sentido, suelo citar el ejemplo de Chávez en el año 98 que no ganó con la maquinaría electoral del PSUV sino por su liderazgo y el colapso histórico del bipartidismo adeco-copeyano.

Por otra parte, la segunda alternativa no exige un nuevo liderazgo, más bien demanda como prioritaria la conformación y consolidación de una maquinaria electoral capaz de competir con la del PSUV.

Como puede observarse, a pesar de que la coyuntura del chavismo sin Chávez constituye una excelente oportunidad para el cambio, el país sigue en espera de un liderazgo de ruptura y los líderes opositores actuales carecen de maquinaria electoral. En conclusión señores y señoras, reitero nuevamente una idea que vengo dejando plasmada hace más de tres años: Esto no tiene salida electoral

claudioj.sandoval@gmail.com