No puedes salirte del Pacto de San José

Tanto el Derecho Interno como el Derecho Internacional impiden al presidente Chávez retirarse de la Convención Americana de Derechos Humanos (CADH).

En el ámbito nacional, dicha afirmación se fundamenta en los artículos 19 y 23, en concordancia con los artículos 2, 3, 7 y 152 de nuestra Constitución Nacional (CRBV). En líneas generales, el mandato de la CRBV comprende dos ideas: El Estado no puede denunciar la CADH porque ello constituye una medida regresiva en contraste con la evolución del estándar protectorio alcanzado en materia de Derechos Humanos (DDHH). Aunado a esto, la CADH tiene rango constitucional y es jerárquicamente superior a la CRBV cuando sus normas sean más favorables a la persona humana (supraconstitucionalidad en razón del principio pro homine).

A su vez, lo anterior produce dos consecuencias: Primero, existe una restricción a las facultades del ejecutivo para denunciar Tratados de DDHH ratificados por la República. Segundo, el retiro de la CADH ni siquiera sería válido con la derogación de la ley aprobatoria que la incorporó sino que es necesario reformar la Constitución, partiendo de los términos establecidos en su artículo 342. Por ambas razones, en conexión con el artículo 25 CRBV, el acto que contiene la referida denuncia resulta nulo.

En la esfera jurídica internacional, el sistema interamericano tiene la obligación de determinar la nulidad de la notificación hecha por la administración Chávez y si surte efectos a instancia de la OEA, a la luz de la CADH. Ello obedece a que el Derecho Internacional también reconoce la figura de los actos unilaterales nulos. Uno de los supuestos de invalidez de un acto unilateral ocurre cuando el agente del Estado, en virtud de su Derecho Interno, tiene restricción especifica de poderes para manifestar la voluntad Estatal (Véase Informe de la Comisión de Derecho Internacional de la ONU, presentado en su 54 periodo de sesiones, para 321).

Y ¿qué es la voluntad de un Estado? Aquella que se encuentra originariamente consagrada en su Constitución y leyes, es decir, se expresa por medio del Estado de Derecho, pudiendo coincidir o no con el deseo personal del gobernante de turno.

Me explico con un ejemplo: Si el presidente Chávez consiente instalar bases militares rusas, iraníes o chinas en Venezuela, dicho acto es nulo, pues más allá de su voluntad, la que prevalece es la de nuestra nación-Estado según la cual no se podrán establecer “bases militares extranjeras” en el país (artículo 13 CRBV). Lo mismo aplica para el punto abordado, vale concretar, el consentimiento de Chávez de abandonar el Sistema Interamericano de Protección de DDHH es contrario a la voluntad del Estado, como se evidencia de los artículos constitucionales citados.

En consecuencia, estamos planteándole a la CIDH que someta una solicitud de opinión consultiva (artículo 64 CADH) a la Corte IDH para que en su condición de máximo garante del “control de convencionalidad” de la CADH se pronuncie sobre los siguientes asuntos: En relación con la CADH, en el marco de su artículo 78: 1. ¿Cuáles son las condiciones de nulidad de una denuncia? 2. Si los poderes de un representante para manifestar la voluntad de un Estado en denunciar la CADH ha sido objeto de una restricción específica de Derecho Interno, ¿debe entenderse que la inobservancia de esa restricción por tal representante perfecciona un vicio del consentimiento que invalida la denuncia? Respecto de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados (CVDT): 2. En el marco del artículo 78 de la CADH ¿puede aplicarse análogamente el contenido del artículo 47 de la CVDT (que codifica costumbre) al acto unilateral de denuncia de la CADH y considerarlo nulo? La CIDH también pudiera preguntarle a la Corte IDH que exponga su opinión acerca de la compatibilidad del instrumento declaratorio de la denuncia respecto de la CRBV y la propia CADH (artículo 72 del Reglamento de la Corte IDH).

De cualquier modo, aunque Chávez tenga éxito en su intento de debilitar políticamente a la CIDH, convirtiéndola en una institución de cócteles y banquetes, en el campo jurídico los venezolanos seguirán teniendo la posibilidad de elevar peticiones ante la Comisión, con base al proceso cuasi-judicial de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (artículo 23 Reglamento de la CIDH). La buena noticia es que de acuerdo al Derecho Interno venezolano, las sentencias de la Corte IDH y las decisiones-recomendaciones de la CIDH son de obligatorio cumplimiento, gracias a la orden taxativa del artículo 31 CRBV.

Chávez sólo tiene dos caminos de evasión del sistema interamericano, ya sea abandonando la OEA o consiguiendo que se reforme la Carta de la organización y se excluya a la CIDH como órgano principal (artículo 106). La segunda alternativa es más difícil de alcanzar que la primera.

claudioj.sandoval@gmail.com

http://www.eluniversal.com/opinion/121129/no-puedes-salirte-del-pacto-de-san-jose

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ONU presiona a Venezuela por caso Cedeño

La reciente decisión emitida por el Comité de Derechos Humanos de la ONU en el caso Eligio Cedeño contra Venezuela (CCPR/C/106/D/1940/2010) representa un contundente revés diplomático y jurídico para el gobierno del presidente Hugo Chávez.

De acuerdo con la comunicación del Comité (para. 8), Venezuela violó el derecho fundamental de Cedeño a ser juzgado en libertad y conforme con el debido proceso (Artículos 9 y 14 paras. 1, 2, 3, c del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos “PIDCP”). En consecuencia, se ordena al Estado venezolano a reparar a la victima mediante la conducción de un juicio con garantías procesales, sin que el imputado esté privado de libertad mientras dure el proceso, proporcionando una indemnización respectiva y evitando repetir tales violaciones en el futuro (para. 9).

La publicación de este dictamen no pudo ser más oportuna, habida cuenta del reciente ingreso de la nación en el Consejo de Derechos Humanos de la misma organización internacional.

La ONU, ha dado una lección al gobierno bolivariano y a todos aquellos observadores superficiales que siguen sin comprender realmente cómo opera dicho ente.

Frente a esta decisión, la delegación venezolana no tendría más remedio que manifestar su desacuerdo sin que pueda darse el lujo de iniciar una campaña sucia de descrédito en contra de la organización que ha venido alabando recientemente.

Crítica a la estrategia diplomática de Venezuela en Derechos Humanos (DDHH)

La denuncia la Convención Americana de DDHH (CADH) resulta infructífera porque la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) también es un órgano principal de la OEA, a tenor de su carta fundacional (artículo 106). Esto significa que, fuera del marco de la CADH, la CIDH cumple un papel más político que jurídico. De manera que el principal objetivo del presidente Chávez, el cual era evitar el escrutinio político sobre su gobierno a instancias de la CIDH, sigue intacto. Dicho órgano y las ONGs continuarán interpelando anualmente a Venezuela en relación con su desempeño en materia de DDHH.

Si bien la denuncia de la Convención no resolvió la molestia presidencial, de llegarse a materializar, produciría un daño colateral a nivel de las victimas de violaciones de DDHH que no podrán acudir a la Corte Interamericana de DDHH. Ello, sin embargo, otorgaría mayor protagonismo a la CIDH ya que estas victimas podrían canalizar sus casos ante ella, vía la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre.

Por otro lado, con su entrada al Consejo de DDHH, Venezuela pretendió opacar diplomáticamente el descrédito que significa su salida del Pacto de San José. Desde esa tribuna aspira limpiar su imagen de cara a la comunidad internacional.

¿Cómo funciona el Comité de DDHH?  

Se trata de un órgano eminentemente jurídico, constituido por expertos independientes. Se encarga de emitir observaciones y conocer denuncias en materia de DDHH, en vigilancia del PIDCP (artículo 28) y del Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PFPIDCP).

Venezuela ratificó ambos tratados el 10 de mayo de 1978 (Con la reserva de la omisión del artículo 14 para. 3, d, del PIDCP el cual no contempló la atribución del Estado de juzgar en ausencia a quienes hayan sido imputados por la comisión de delitos contra la república).

En otras palabras, cualquier persona puede acudir a esta instancia cuasi-judicial cuando el Estado venezolano le haya conculcado sus derechos humanos.

¿Cómo funciona el Consejo de DDHH?

El Consejo es un ente íntegramente político, encargado de ofrecer su aporte sobre los DDHH desde la perspectiva de los Estados. Como tal, tiene su justificación en el derecho de los gobiernos de proveer su versión de la historia ¿porqué no?

Unido a lo anterior, si la ONU está conformada por Estados miembros mayoritariamente antidemocráticos, entonces no debe causar asombro que Venezuela forme parte de este Consejo. Ahora bien, si la condición sine qua non de admisión al Consejo y a la ONU fuera la probidad en relación con los derechos fundamentales, sería un club exclusivo de Suiza y los países escandinavos. Ello desnaturalizaría la verdadera razón de ser de la institución.

Gracias a la admisión de Venezuela en este foro, ONGs como Human Rights Watch que tenían dificultades para escrutar la actuación del Estado, podrán sentarse cara a cara con los delegados venezolanos.

Conclusión

La ONU puede llegar a convertirse en un arma de doble filo, donde el Estado depredador terminaría siendo presa. El Consejo de DDHH es una especie de carnada política que invita a participar a los Estados en un entorno condicionado por los DDHH. La verdadera efectividad de la ONU en este campo subyace en los órganos y agencias especializadas como el Comité de DDHH. Después que los Estados involucrados legitiman el sistema con su aquiescencia, resulta complicado deslegitimarlo diplomáticamente.

claudioj.sandoval@gmail.com

http://www.eluniversal.com/opinion/121123/onu-presiona-a-venezuela-por-caso-cedeno

http://www.generaccion.com/noticia/174443/onu-presiona-venezuela-por-caso-cedeno

Es chavismo, no insistas

Ha transcurrido alrededor de catorce años y todavía no hay consenso general sobre la categorización del movimiento dirigido por el presidente Chávez. Esto pareciera razonable ya que ni siquiera el propio comandante sabe dónde está parado intelectualmente.

En un principio coqueteó con la tercera vía y a partir del año 2002, influenciado por Fidel, se autodeclaró socialista bolivariano. Dice que éste no es el socialismo conocido debido a que no se sustenta en el comunismo marxista pero sí toma en cuenta a Marx. Saque usted sus propias conclusiones…

La cosa se ha complicado más porque, desde el otro lado del río, los analistas opositores también presentan posturas diversas. Algunos encuadran a la revolución dentro de la dictadura, otros dentro del fascismo o el militarismo, Luís Vicente habla de nacionalsocialismo, Emeterio de comunismo y mi apreciado profesor Blanco Muñoz está postulando la tesis del comunalismo.

Para mí resulta arto difícil objetar los postulados propuestos por personas tan preparadas como las que he mencionado. Sin embargo, me veo respetuosamente obligado a refutar los aportes realizados por ambos sectores para este debate.

Señores, esto se llama chavismo; ni más, ni menos. En tal sentido, merece ser estudiado como una categoría autónoma y nueva que nació en los amaneceres del siglo XXI.

Dos características distintivas del chavismo son la ambivalencia e inconsistencia. Es ambivalente en cuanto a su desempeño dentro y fuera de los limites democráticos, e inconsistente a nivel del discurso per se y de la acción también considerada separadamente.

Me explico con dos ejemplos: el chavismo no es enemigo de la propiedad privada pero tampoco es su amigo, prefiere la propiedad colectiva, promueve las invasiones, expropiaciones y confiscaciones (recuérdese el caso de Franklin Brito). Más aún, nunca proscribirá el derecho a la propiedad privada y permitirá, en general, que pueda ejercerse de facto.

En igual perspectiva, por medio de la censura, el chavismo viola constantemente el derecho a la libertad de expresión de muchos venezolanos que quieren hacer denuncias en los medios de comunicación del Estado. Por otro lado, permite que se publiquen noticias fuertes en su contra, ilegales por difamatorias, las cuales jamás hubiesen podido ser publicadas en países occidentales sin que generasen graves consecuencias jurídicas. Este buen manejo de la censura, la libertad y el libertinaje de expresión es un reflejo a escala del comportamiento del chavismo en las demás esferas del Estado.

En general, los regímenes políticos del siglo pasado fueron frontales y contundentes en sus acciones u omisiones. El chavismo trabaja con base a un tira y encoje de cara a la democracia. A veces por descuido, improvisación, a veces por cálculo pero, repito, así es el chavismo.

Entendemos que las personas suelen asociar fenómenos, ya sea por instinto o meditación, con explicaciones lógicas de su propio mundo. Pero ello no hace que el fenómeno deje de ser lo que es.
Quizás, la vocación antidemocrática del chavismo encuentre explicación en razón de que el comandante tiende al autoritarismo y, como si fuera poco, su mentor isleño tiene mentalidad totalitaria.

Ahora bien, aquí no estamos en dictadura o comunismo, socialismo, nacionalsocialismo, comunalismo, ni en ningún otro “ismo” que no sea ¡chavismo! Por eso es que a muchas personas, de aquí y de afuera, les da un cortocircuito cuando tratan de comparar conductas clásicas de una dictadura con el comportamiento chavista.

De forma tal que esta descripción general que he ofrecido no está concebida a partir de un círculo condicionado por modelos de los siglos XIX y XX. El hecho de que el chavismo comparta ciertos rasgos característicos con alguno de estos modelos no lo convierte en eso mismo. Imagínese, el chavismo entonces sería todo y nada a la vez, lo cual resulta ilógico. Más bien, debe ser visto como algo diferente que cuenta con un poco de varios sistemas políticos: democracia, comunismo, dictadura, militarismo, entre otros.

Al margen, considero impertinente cualquier ejercicio intelectual simplista y descontextualizado como por ejemplo la moda de acuñar términos para diferenciarse del resto o rebuscar una subcategoría inventada de la categoría (no es el nazismo del 39 sino el del 33).

A diferencia del nacionalsocialismo, fascismo y comunismo, el chavismo carece de ideología propia o prestada. Se explica a sí mismo a través de la historia (independencia, Guerra Federal, Pacto de Punto Fijo, Caracazo, 92, 99 y 2002).

Sin duda, nuestro tiempo demanda al intelectual osadía rigurosa. Está bien que se compare al chavismo con corrientes del pasado pero tampoco llegar al extremo de ofender a los regímenes totalitarios del siglo XX, cuyas propuestas eran serias en todos sus aspectos, incluido el ideológico.

claudioj.sandoval@gmail.com

http://www.eluniversal.com/opinion/121115/es-chavismo-no-insistas

AD y Copei volverán

A lo interno de la oposición, uno de los principales logros que se atribuyen tanto la MUD como Capriles Radonski fue el de haber derrotado a la “vieja política” con un nuevo liderazgo que fijó la hoja de ruta para ese sector.

Sin embargo, no estoy muy seguro de la longevidad del anunciado triunfo intersectorial. Un primer indicio lo extraigo de la carta del secretario general de Copei, Roberto Enríquez, publicada parcialmente por nuestro vecino Nelson Bocaranda en sus Runrunes del 18 de octubre pasado. Allí quedó reflejado un cálculo entre líneas: Chávez otorgará preponderancia a estos dos partidos sobrevivientes de la cuarta república, en detrimento del llamado caprilismo.

Las cartas están echadas

Actualmente la oposición se compone de dos grandes corrientes claramente diferentes; la primera representada por AD y Copei, mientras que la segunda está conformada por el caprilismo. Sin duda, este último grupo demostró que contaba con un discurso político más adaptado a la realidad, un gigantesco poder económico y dinamismo generacional. Frente a la amenaza nacida a partir de estos tres elementos (discurso remozado, recursos financieros y energía física), el actual mandatario lució desgastado, primordialmente en lo discursivo y también físicamente.

No obstante, la verdad de los hechos impone que estamos en presencia de “El mismo musiú con diferente cachimba”, aspecto que documenté en mi artículo del 13 de abril de 2010. Me explico, cuando uno reduce en su propia salsa al chavismo, al puntofijismo y al caprilismo, obtenemos casi el mismo sabor, pues, tienen patrones similares de comportamiento en relación con temas como la alternancia en el poder y la contradicción entre lo abstracto del discurso y lo tangible de sus acciones (denuncian del adversario los defectos que ellos también encarnan y abanderan con la frente en alto).
Ahora bien, frente a ambas facciones opositoras, Chávez prefiere competir con la que tiene menos músculo, es decir, con la comandada por los adeco-copeyanos.

De manera que el mapa político que el oficialismo está dibujando para los tiempos venideros puede describirse así: Chávez es presidente y prácticamente arrasará en las elecciones regionales. Ello significa que otorgará algunas gobernaciones y alcaldías a la oposición (en su mayoría gobernantes adecos y copeyanos) y derrotará a Capriles en Miranda, con lo cual neutraliza su movimiento y permite que AD (más que Copei) vuelva a fijar la agenda política de la oposición.

Si quieres ver claramente el mundo holográfico que Chávez ha diseñado para el 2013, entonces debes colocarte los lentes de la imparcialidad y observar el país con ellos. Resulta más cómodo patrocinar a un interlocutor tradicional que genere una percepción vinculada al pasado y relegitime el discurso chavista, en lugar de potenciar políticamente a una figura joven que, si bien representa a la aristocracia, no puede ser asociado fácilmente a la cuarta república.

Si sigues con los lentes puestos, lograrás notar que estructuralmente aquí no ha habido cambio político desde el 2006 (Estamos atrapados en el tiempo). Y el 16 de diciembre se reafirmará el status quo: Dos elites políticas subsistiendo en el poder mientras polarizan y arruinan la nación con la excepción de uno que otro líder chavista y/u opositor que descollará desde su cargo, comprobando que sí se pueden hacer las cosas bien.

Quizás sea necesario que el sistema colapse por cuenta propia para que aflore una Venezuela distinta. El primer capítulo de la nueva historia venezolana aún no ha comenzado.

claudioj.sandoval@gmail.com

http://www.eluniversal.com/opinion/121101/ad-y-copei-volveran