Llorar y llorar

En eso andan algunos todavía, cual ranchera: Alardeando, quejándose y tristes cada vez que se ven perdidos y pierden electoralmente ¿Soberbia o complejo de inferioridad? Quién sabe… Parafraseando la cita popular, el éxito no es el mejor amigo de las excusas.

Actualmente existen dos posturas definidas en torno al ámbito electoral. La primera habla de ventajismo y apoya el camino electoral. Nótese que no reconocen fraude alguno. La segunda tesis se limita únicamente a la denuncia, pues habla abiertamente de fraude pero no se atreve a meterle la lupa a la viabilidad electoral ni la promueve, razón por la cual pasa a formar parte, tácitamente, del abstencionismo (de hecho, sus partidarios tienen el habito de no votar).

La tercera postura (si es que merece acompañar a las anteriormente comentadas) es mi propuesta personal, la cual se diferencia de cualquier otra porque carece de ambigüedad. He afirmado reiteradamente que el sistema electoral venezolano, en la práctica, es (1) un fraude a la ley por su falta de transparencia e imparcialidad y que (2) hay que votar masivamente.

En efecto ¿para qué enfocarse en el fraude si estamos frente a un hombre que controla a su antojo al ente comicial? Ese no es el tema principal cuando se lucha contra el autoritarismo. Más bien, debemos dedicarnos a acelerar las condiciones para el cambio social. Cuando eso ocurra, la noción de fraude ya no será un dolor de cabeza fuerte porque fue previsto como el gatillo colocado en el dedo del gobernante. Si lo aprieta, el impacto puede herirlo mortalmente. Así lo enseña la historia. Los casos de estudios sobran; baste mencionar los procesos en Zimbabue (Morgan Tsvangirai), Perú (Alejandro Toledo) y Sud África (Nelson Mandela).

Ahora bien, debo reconocer que en este momento no existe un líder opositor comparable con aquél Chávez del 98, o con cualquiera de los tres líderes mencionados. Ellos fueron capaces de generar una motivación colectiva imparable por el establishment. Lo digo porque tampoco cabe exigirle al pueblo que se juegue la vida por una persona que se autodegradó al estatus de candidato estadal (a menos de una semana de haber sido derrotado en comicios presidenciales), poniendo en evidencia aquello que muchos olfateaban, es decir, que su compromiso más que con una nación era con él mismo y con los suyos. Definitivamente ese no es el camino a recorrer en mi planteamiento. Por el contrario, de ese comportamiento se deduce que estamos en presencia de una moda electorera, legitimadora del status quo. Chávez ha sabido administrar astutamente la ambición de sus adversarios a través de dádivas y espacios de poder accesorios. Visto desde esta perspectiva, la promoción del culto al voto significa participar en un ritual del Templo del Pueblo, guiado por Jim Jones.

Tres formas de lucha

La ruta de la protesta pacífica ante el régimen antidemocrático gira en torno a un colectivo desarmado frente a un gobierno represivo que cuenta con el monopolio de las armas. Sin lugar a dudas, la contienda es totalmente desproporcionada mas no desmoralizante (Véase la primavera árabe en Egipto y el caso de la sociedad civil de la URSS en Europa del Este).

Una alternativa igualmente difícil es la de la lucha armada. Las revoluciones vietnamita y cubana comprobaron que las asimetrías pueden ser usadas en favor del menos aventajado.

De todos los caminos escabrosos que conducen al cambio social, el electoral fraudulento es quizás el menos complicado y sacrificado de transitar, en términos de derechos humanos. Les participo a quienes se dedican simplemente a cantar el fraude y menosprecian la opción electoral en las actuales condiciones, que o corren o se encaraman porque en Venezuela las elecciones son inevitables y necesarias.

Al hablar de fraude evoco una etapa superada de mi vida donde creía que la competencia política era equilibrada (aun sabiendo que en Venezuela nunca lo había sido: acta mata voto, etc.). Habiendo documentado y denunciado el asunto en el pasado, hoy prefiero dejar esa tarea en manos de los técnicos ya que me estoy enfocando en ayudar a impulsar las condiciones para el verdadero cambio social. Esa es una labor objetivamente más importante que la táctica electoral porque gracias a ésta el fraude queda en segundo plano (Obsérvalo así: Ni con un CNE más parcializado que el actual, se le hubiese podido arrancar la victoria a Chávez en el 98 porque se trataba de un proceso irreversible, que no podía seguir siendo contenido por un sistema a punto de colapso: El comandante ganaba por las buenas o por las malas).

Cuenta la leyenda que tras haber sido derrotado por los reyes católicos, Boabdil (último Rey moro de Granada) no tuvo más opción que suspirar lacrimosamente mientras que su madre Aixa, al verlo en ese estado, le replicó: “Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre” …

claudioj.sandoval@gmail.com

http://www.eluniversal.com/opinion/121018/llorar-y-llorar

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