Pragmatismo

En los últimos años la política exterior de Estados Unidos ha tenido como característica fundamental el pragmatismo. En consecuencia, la administración Bush colocó como prioridades de su agenda de seguridad nacional e interés nacional la lucha contra el terrorismo y la guerra de Irak.

De este modo, la Casa Blanca dejó de lado la política de ampliación democrática -otrora implementada por la administración Clinton- a fin de establecer alianzas geoestratégicas con gobiernos antidemocráticos siempre y cuando coadyuvasen a neutralizar organizaciones terroristas. Fue así como el gobierno pakistaní de Pervez Musharraf, una de las dictaduras asiáticas más criminales de esta década, obtuvo el apoyo del establishment norteamericano en virtud de que Islamabad se había comprometido a combatir a Al-Qaeda en la frontera con Afganistán.

Y la guerra de Irak implicó la misma estrategia comentada en el parágrafo anterior. De hecho, el efecto de esta política exterior repercutió directamente en América Latina. En concreto, me permito referir la experiencia del referéndum revocatorio presidencial ocurrido en Venezuela en el año 2003. Recordemos que Washington optó por una posición de lasez-faire frente a los resultados electorales que favorecieron al presidente Chávez  -siendo Jimmy Carter el intermediario entre la Casa Blanca y Miraflores. Detrás de la postura de Bush estaba el aseguramiento de suministro del codiciado oro negro. Era evidente pues, que el Medio Oriente presentará inestabilidad política producto del comienzo de la guerra en territorio mesopotámico cinco meses antes.

Unido a lo anterior, el nuevo tren ejecutivo de Barack Obama en el Departamento de Estado está dando también señales de pragmatismo; una moda que está presente y continuará en el futuro. Ahora bien, la prioridad en este caso se fundamenta en la crisis económica. Así lo confirma la reciente visita de Hillary Clinton a Pekín. Human Rights Watch y Amnistía Internacional que constantemente reprochan la situación de los Derechos Humanos (DDHH) en China, mostraron su decepción frente al papel poco proactivo que está desempeñando el Gobierno norteamericano al respecto. No obstante, Clinton reiteró que las existentes diferencias de ambos Estados sobre Taiwán, el Tíbet y en materia de DDHH no debían interferir en un dialogó cuyo punto relevante era la cooperación para salir de la crisis económica mundial.

El problema es que ésta es una mala noticia para aquellas sociedades que tienen regímenes con tendencia autoritaria. En tal sentido, una interpretación lógica sugiere que los DDHH han pasado a ser, tanto en el discurso político público como en la práctica, un asunto secundario. Esto es un error porque se está enviando el mensaje equivocado a los dictadores modernos. Con toda razón, cualquier autócrata pudiera pensar que si enfoca su relación con Estados Unidos en una simbiosis de intereses económicos en búsqueda de salidas a la actual crisis mundial, entonces la administración Obama le daría el visto bueno a su régimen.

Bajo esta perspectiva, no dudo en afirmar que en los próximos meses se materializará un mejoramiento significativo en las relaciones entre Venezuela y Estados Unidos. No descarto la posibilidad de que ocurran declaraciones expresas a través de la diplomacia de micrófonos lo cual habría venido precedido de  negociaciones bilaterales a puerta cerrada.

En conclusión, el fin de la guerra fría cambió diametralmente la forma de hacer política exterior. Las implicancias de este planteamiento están en pleno apogeo en el comienzo del siglo XXI. En este mundo de ahora, tan diverso y atomizado ideológicamente, los países ganadores dejaron de pensar que el interés nacional y la seguridad debían estar supeditados a una ideología particular (¿capitalismo o socialismo?). Por otro lado, los países perdedores persisten en la idea de diseminar un discurso ideológico a lo interno mientras otorgan sus riquezas a otras naciones. Y denomino a estos países como perdedores porque es el caudillo de turno el que realmente negocia sin complejos con cualquier potencia extranjera su permanencia indefinida en el poder.

Recomendaciones: Hay que olvidarse de libertadores extranjeros y entender que la verdadera autodeterminación de un pueblo y la conquista de su libertad implica un proceso de organización de su sociedad civil que ulteriormente desarrolla e implementa alternativas políticas, económicas, sociales y jurídicas efectivas y superiores a las que el status quo había impuesto.

claudioj.sandoval@gmail.com

http://www.eluniversal.com/opinion/090228/pragmatismo

 

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