Pobreza global

Recientemente el Banco Mundial (Banco) publicó una nota de trabajo (Policy Research working paper No. WPS 4703) la cual ha modificado el indicador de pobreza de la Institución Financiera con respecto a los países en vías de desarrollo. El estudio califica como pobre a cada persona que viva con menos de 1.25 dólares estadounidenses diarios.

De acuerdo con esta nueva estadística, mil cuatrocientos millones de personas en el mundo subdesarrollado (uno de cada cuatro personas) todavía viven en condiciones de pobreza. También se estima que para el 2015 -fecha límite para alcanzar los “Objetivos del Milenio” impulsados por Naciones Unidas- al menos mil millones de personas seguirán viviendo en la misma condición e incluso aquellos que hayan superado la línea de los 1.25 dólares diarios, fijada por el Banco Mundial, continuarán siendo considerados como pobres conforme a los estándares utilizados para medir la pobreza en los países “desarrollados”.

En atención a lo anterior, resulta pertinente realizar, al menos, dos someras reflexiones. En primer lugar, dichos indicadores demuestran el fracaso del neoliberalismo como motor filosófico de la economía mundial. Las reformas económicas llevadas a cabo desde finales de la década de los setenta hasta el presente no han logrado reducir sustancialmente la pobreza mundial. Incluso en los países en vías de desarrollo, donde este modelo ha sido aplicado exitosamente, la brecha entre ricos y pobres sigue aumentando sostenidamente. Uno de los casos más emblemáticos del fracaso de estas políticas económicas se evidencia con las denominadas “asistencias financieras internacionales” que, como ha apuntado el economista norteamericano W. Easterly, han representado mayores mercados para los países ricos y mayor burocracia y corrupción para los países pobres.

En segundo lugar, pareciera oportuno replantear la forma en como se percibe actualmente a la pobreza. Por consiguiente, este concepto no debería estar supeditado solamente a una visión economicista sino que debería incluir, simultáneamente, otros elementos tales como el acceso del individuo a la alimentación, ropa y calzado, salud, educación, cultura e información, entre otros. Quiere decir que de nada le vale a un individuo tener más de 1.25 dólares diarios en su bolsillo si éste no puede utilizarlos, ni mucho menos alcanzar su bienestar general. De esta manera, se lograría conjugar la noción (liberal) del nivel de ingreso de la persona con la visión (socialista) del acceso de la persona a las necesidades más básicas del ser.

En todo caso, los datos presentados deben ser anexados al expediente que demuestra que el vaticinio del fin de la batalla de las ideas y del triunfo del liberalismo a partir de fin de la guerra fría es una tesis falaz. Uno de los grandes retos del siglo XXI radica en la generación de nuevas ideas alejadas de las contradicciones del neoliberalismo y del socialismo. La meta consiste en lograr la interacción efectiva y armónica entre el individuo y su entorno. Los nuevos modelos socio-económicos deberán contar con tal grado de desideologización que la afirmación de una cultura no se convierta en la negación de otras. Bajo esta visión es posible reducir la pobreza global al tiempo que nos dignificamos a nosotros mismos como seres humanos.

claudioj.sandoval@gmail.com

http://www.eluniversal.com/2008/10/01/opi_art_pobreza-global_01A2031329.shtml

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