Entre imperios

La Haya, 8 de agosto ante meridiem; recibo una llamada inesperada de mi amiga Tamar Abramishvili -quien trabaja en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Georgia. Muy angustiada me comenta: “estamos en guerra… Los rusos están masacrando civiles a cada minuto… Nos han advertido que si no nos retiramos de Osetia del Sur, bombardearán Tiflis… Este es el precio que estamos pagando por adoptar un sistema democrático…”

En efecto, Tamar forma parte del equipo de trabajo del joven presidente Mijaíl Saakashvili, quien ascendió al poder  tras el éxito de la pacífica Revolución Rosa en 2003. Se trata de una generación que, culminada la Guerra Fría, fue educada con valores libertarios en las universidades y “think tanks” occidentales de mayor prestigio. Quizás ésta haya sido la causa de la alianza estratégica Saakashvili-Estados Unidos sobre el manejo de los oleoductos y gasoductos en el Mar Caspio, el reimpulso de la solicitud de membresía de Georgia en la OTAN y de la reforma político-económica emprendida bajo parámetros occidentales.

Ahora bien, la reciente escalada bélica en Georgia es producto del esfuerzo desesperado de Rusia -un imperio decadente- por mantener influencia y control sobre su patio trasero. Por supuesto, ésta es una conducta clásica de los imperios. Veamos algunas prácticas imperiales recientes. En los años 90, el llamado Imperio de Occidente (conformado por Estados Unidos y la Unión Europea) lanzó, por medio de la OTAN, una “invasión” al territorio de Servia para proteger la provincia separatista de Kosovo y su composición étnica. Se alegó la necesidad de una “intervención humanitaria” garantizada por la fuerza de paz multinacional.

En 2003, Estados Unidos invade Irak en búsqueda de su seguridad energética y de posicionarse geopolíticamente en el Medio Oriente. En tal sentido, la nueva agresión e invasión rusa a la pequeña ex nación soviética de Georgia, guarda estrecha relación con el patrón de comportamiento referido. Incluso, Moscú ha planteado el mismo alegato utilizado, en su oportunidad, por Occidente para controlar los Balcanes. La diferencia es que en este caso, en lugar de Kosovo, se trata de Osetia del Sur -una provincia separatista que (al igual que Abjasia) pretende ser anexionada por la fuerza al territorio ruso.

He aquí donde comienzan ha observarse algunas contradicciones. Por un lado el Imperio de Occidente no reconoce la independencia de las regiones separatistas de Georgia en virtud de que constituiría un dividendo geopolítico para Rusia (acceso a las rutas energéticas en el Cáucaso, etc.). Sin embargo, ha sido, precisamente, el Imperio de Occidente uno de los más fervientes patrocinantes de la fragmentación territorial de Servia. Por otro lado, el Kremlin se opuso a la invasión de Occidente en Servia y, consecuentemente, a la reciente declaración de independencia de Kosovo, en vista del dominio que ejercerían los Estados Unidos y la Unión Europea en los Balcanes, y por temor a sentar un precedente para la provincia separatista de Chechenia. No obstante, Rusia es el principal patrocinante de la fragmentación territorial de Georgia.

Otra potencia emergente es China, cuyo dominio sobre Taiwán permite avizorar su esquema imperial en el largo plazo. Tal fenómeno nos hace dibujar un mapa, que en lo referente al balance de poder y hegemonía mundial, se está dividiendo en dos polos conformados por el Imperio de Occidente y por el Imperio de Oriente (China y Rusia). Cada uno representa valores culturares e ideologías divergentes que pretenden imponer al resto de la humanidad a rajatabla. Frente a esta visión, la idea de países no alineados es una mera pretensión lingüística y falaz en la práctica (como lo fue el caso de Cuba que recibía apoyo soviético durante la Guerra Fría).

Ante este escenario, cada individuo, cada sociedad debe escoger entre dos caminos excluyentes entre sí. Ninguna de estas opciones es sostenible. Ambas degradan la condición del ser. Cada cual a su propia velocidad y ritmo. En el caso de Venezuela, por ejemplo, observamos que el Gobierno se está alineando con China y Rusia al tiempo que se deslinda sistemáticamente de Occidente. Sin duda, dicha alianza ya está generando sus consecuencias…

Pero bien, ¿será acaso posible un tercer camino? donde el hombre deje de ser un lobo para el hombre como apuntaba Hobbes (homo homini lupus). Más allá de mesianismos, consideramos que tarde o temprano aparecerá una alternativa capaz de controlar el egoísmo humano y la ambición desmedida de dominación. Si embargo, es menester reconocer que, lamentablemente, el mundo no es color de rosas y por ello los imperios otorgan mayor prevalencia a sus intereses y seguridad nacional que a la libertad, igualdad y, sobre todo, dignidad de otros pueblos.  Por ahora, el cese definitivo de hostilidades -tras la retirada de Georgia de Osetia del Sur- está sujeto a los resultados que se obtendrían en las acomodaticias negociaciones interrimperiales.

claudioj.sandoval@gmail.com

http://www.eluniversal.com/2008/08/16/opi_art_entre-imperios_16A1913007.shtml

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